La CASEN y la Distribución
del Ingreso
Recientemente, han sido entregados a la opinión
pública, los resultados de la encuesta de Caracterización
Socioeconómica Nacional (CASEN '96) constatándose una reducción
importante de la pobreza en el país. Las cifras muestran que la población
bajo la línea de pobreza se redujo desde un 27,5% en 1994 a un 23,2%
en 1996, y la indigencia, que corresponde a aquellas personas cuya situación
es más crítica, lo hizo desde un 7,6% a un 5,8% en el mismo
período. Estos resultados pueden considerarse positivos y atribuibles
principalmente al crecimiento económico sostenido que se ha registrado
en los últimos 12 años en el país que ha permitido
mayores y mejores oportunidades de empleo a todas las personas y con ello,
un mayor bienestar económico.
Junto con estos resultados se han entregado
las últimas cifras de la distribución del ingreso en el país
que no presenta variaciones significativas en los últimos años.
Como lo hemos planteado en otras oportunidades reducir la pobreza y distribuir
el ingreso no constituyen la misma discusión y su mejoramiento requiere
de políticas públicas diferentes.
Evolución
de la Distribución del Ingreso
En el Cuadro Nº 1 se muestra la evolución
de la distribución del ingreso en el país, concluyendose que
se ha mantenido estable durante los últimos 30 años, período
que se ha caracterizado por la aplicación de políticas sociales
de la más variada índole en el país, las que no han
tenido un gran impacto en términos distributivos.
Una de las conclusiones importantes al respecto
es que un mejoramiento en esta materia es un problema de largo plazo y que
la situación distributiva de hoy no estaría relacionada con
la actual estrategia de desarrollo basada en una economía de mercado.
Por el contrario, además de contribuir a la gran reducción
de la pobreza en Chile, al incentivar ésta un fuerte crecimiento
económico, ha permitido a través de mayores y mejores oportunidades
de empleo, un mejoramiento de los ingresos en todos los estratos sociales.
Cuadro Nº1
Distribución del Ingreso
de los Hogares
Según Quintiles 1965 - 1994
| Quintiles |
1965 |
1970 |
1975 |
1980 |
1987 |
1990 |
1992 |
1994 |
1996 |
| I |
4,0 |
3,8 |
4,2 |
4,6 |
4,5 |
4,6 |
4,9 |
4,6 |
4,1 |
| II |
8,0 |
7,1 |
8,4 |
9,0 |
8,2 |
8,6 |
8,7 |
8,5 |
8,2 |
| III |
12,8 |
11,3 |
12,9 |
12,7 |
12,1 |
12,5 |
12,4 |
12,3 |
11,9 |
| IV |
19,6 |
19,3 |
20,6 |
18,7 |
19,0 |
18,4 |
18,5 |
18,4 |
19,1 |
| V |
55,6 |
58,5 |
54,0 |
55,0 |
56,3 |
55,9 |
55,6 |
56,3 |
56,7 |
Fuente: Datos 1965 - 1980, Banco Central, sobre Encuestas
de Empleo de la U. de Chile, Gran Santiago
Datos 1987 - 1996, MIDEPLAN, Encuesta CASEN
La evidencia empírica estaría
demostrando que un mejoramiento distributivo estaría relacionado
con nuestros niveles de capital humano y su evolución en el tiempo,
ya que dichos factores condicionan el acceso al mercado laboral, la capacidad
de generar ingresos de las personas y la determinación de los ingresos
del trabajo. En el Cuadro Nº 2, se muestra en porcentajes para cada
decil de ingresos, cómo se distribuyen los jefes de hogar según
el nivel educacional que han alcanzado. Se concluye que mientras menor es
la escolaridad es mayor la probabilidad de caer en los deciles de menores
ingresos. Así, en el primer decil, correspondiente al 10% más
pobre, el 50% de los jefes de hogar poseen educación básica
o menos; en el segundo decil esa proporción cae al 47%; y así
sucesivamente hasta alcanzar el 10% de mayores ingresos donde sólo
el 10,7% ha alcanzado ese nivel educativo. Como contrapartida, aquellos
jefes de hogar que poseen educación superior se agrupan preferentemente
en el decil de mayores ingresos, donde el 45% ha alcanzado ese nivel educativo.
Por consiguiente, se desprende que la educación es un factor de gran
importancia al momento de analizar posibles cambios distributivos y queda
de manifiesto que un cambio en esta materia se produce de una generación
a otra.
Cuadro Nº 2
Nivel Educacional y Distribución
del Ingreso
de los Jefes de Hogar según
Grupos de Decil
Grupos de Decil - Porcentaje de Hogares
| Nivel |
Total |
1 |
2 |
3 |
4 |
5 |
6 |
7 |
8 |
9 |
10 |
| Educacional |
Hogares |
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
| Sin Estudios |
5,3 |
7,0 |
6,7 |
7,2 |
6,1 |
7,9 |
6,9 |
4,4 |
3,8 |
1,9 |
1,0 |
| Básica |
33,8 |
42,9 |
40,3 |
37,3 |
38,9 |
39,4 |
38,9 |
36,3 |
31,4 |
22,6 |
9,7 |
| Media |
48,1 |
48,3 |
51,1 |
52,2 |
51,1 |
45,8 |
46,5 |
48,6 |
48,9 |
47,6 |
40,9 |
| Universitaria |
11,1 |
1,4 |
1,4 |
2,2 |
2,9 |
5,6 |
5,7 |
8,9 |
13,8 |
24,1 |
45,0 |
| Extra esc. y otros |
1,8 |
0,4 |
0,5 |
1,1 |
1,0 |
1,4 |
2,0 |
1,8 |
2,1 |
3,8 |
3,3 |
| Total |
100,0 |
100,0 |
100,0 |
100,0 |
100,0 |
100,0 |
100,0 |
100,0 |
100,0 |
100,0 |
100,0 |
Fuente: INE- Ingresos de Hogares y Personas,
1995; Datos Oct-Nov. 1995
La
Importancia de Focalizar
La situación distributiva actual refleja
el acceso a las oportunidades educacionales y a los demás programas
de inversión en recursos humanos que las personas pobres tuvieron
en su infancia. Así hasta comienzos de los 70 se constataban en Chile
promedios de escolaridad de sólo 4,3 años. Además,
el 43% de los niños pobres no asistían a la escuela. Las cifras
mostraban que sólo el 50% de los jóvenes accedía a
la educación media. Estas restricciones inciden hoy en día
en la baja productividad laboral de las personas más pobres y en
su reducida remuneración. Desde esa época se hicieron en Chile
grandes esfuerzos de focalización de los programas sociales en las
personas de mayor pobreza, contribuyendo a elevar significativamente nuestros
niveles de capital humano. Ello también ha permitido que muchas personas
se hayan podido incorporar al proceso de desarrollo. Sin embargo, aún
no han sido suficientes en términos de posibles mejoramientos distributivos,
ya que aún los segmentos más pobres presentan restricciones
importantes en términos educacionales. Ello se refleja en la escolaridad
de la población que actualmente alcanza un promedio de 9,2 años
y que presenta una dispersión importante según estratos socioeconómicos.
En efecto, el quintil de menores ingresos aún no completa la enseñanza
básica y el de mayores ingresos presenta una educación superior
a los 12 años de estudio1.
Por consiguiente, se puede concluir que un
cambio en la situación distributiva se produce de una generación
a otra, reflejando la actual distribución del ingreso el acceso a
las oportunidades educacionales que las personas tuvieron hace varias décadas
atrás. Asimismo, futuros cambios distributivos ocurrirán en
el mediano plazo y quedarán condicionados por el impacto que las
políticas educacionales puedan tener en los segmentos de mayor pobreza
a través de permitirles el acceso a una educación de mayor
calidad que la actual.
Pobreza,
Temporales y Crisis Universitaria
La crudeza del invierno hemisférico en semanas recién
pasadas ha puesto en evidencia una serie de debilidades del país
que a muchos llamaron la atención y que, a otros llevaron a cuestionar
las fortalezas del mutante Chile, que pasa con la facilidad de un rayo desde
el status de jaguar al de gato famélico.
En efecto, las consecuencias de los temporales y su cobertura
por los medios de comunicación, hicieron que muchos pudieran -o quizás
debieran- comprobar la existencia de una importante cantidad de ciudadanos
afectados por la pobreza.
Ello en la medida que el impacto de los inusitados fenómenos
climáticos impactaron, como era de esperar, a aquellos sectores que
cuentan con un equipamiento más precario en términos de infraestructura
y viven en sectores marginales más riesgosos, donde hay déficits
de pavimentación y colectores de agua.
Este hecho, inusitado para muchos, de tener que verse obligado
a palpar el fenómeno de la pobreza, llama la atención en un
país donde es común que, si no todos, por lo menos cada dos
años se contabiliza a los pobres a través de la encuesta CASEN.
En verdad el país tiene un elevado nivel de pobreza
y no debiera ser nada raro verlos, al menos en estas situaciones.
Tal vez la extrañeza de esta situación tenga
que ver también con algo que ya es común en el discurso de
algunos políticos: su afán por adueñarse de los pobres
con fines electorales y propios de su actividad, los lleva a incluir en
la pobreza a muchos que no tienen nada de pobres, pero que sus expectativas
disociadas muchas veces de las posibilidades reales los hacen sentirse pobres
y clamar por los beneficios estatales que tan pródigamente reparten
los funcionarios de gobierno, dejando como siempre a los verdaderos pobres
sin pan ni pedazo.
De allí que, tal vez, el comprobar la existencia
de una pobreza verdaderamente cruda y dolorosa sea un impacto tan fuerte
para los sorprendidos.
Lo anterior debiera ser una lección para muchos,
empezando por los funcionarios de gobierno quienes deben sentir la obligación
moral de hacer un buen uso de los recursos que la sociedad ha puesto en
sus manos para ayudar a aliviar el problema de la pobreza, el que no debe
ser caldo de cultivo de la corrupción como tampoco de una liviandad
en su asignación.
Afortunadamente, el crecimiento económico y el empleo
que éste genera, le ha permitido al país reducir en forma
sustancial los niveles de pobreza como lo demuestran las estadísticas
más recientes.
Huelgas y Universitarios
Es conveniente que las autoridades mediten sobre este fenómeno
climático y su impacto sobre la verdadera pobreza, en especial cuando
éste ocurre en forma paralela, pero afor- tunadamente con una menor
extensión que otro fenómeno igualmente negativo: el de las
huelgas estudiantiles en las universidades estatales.
En este otro angustioso episodio ha sido posible comprobar
cómo las iniciales demandas estudiantiles de mayor participación
se han tornado, ante la complacencia y complicidad de las autoridades de
dichos planteles universitarios, en la antigua demanda por mayores recursos
para tales instituciones, recursos que luego no están sujetos a ninguna
forma de control o evaluación en torno a la eficiencia y a la eficacia
en su utilización por parte del Gobierno y menos por parte de la
sociedad.
Ello ocurre en circunstancias que todo el país conoce
que los principales beneficiarios de estos aumentos de recursos que tan
generosamente ha anunciado la autoridad educativa no se cuentan entre los
más pobres como se ha podido comprobar en numerosos estudios al respecto.
Más aún, no está demás recordar que según
el estudio de ILADES1 , sobre
la base de la Encuesta CASEN, un 88,3% de los jefes de familia que poseían
estudios universitarios pertenecían al 40% más rico de la
población y sólo un 12,1% de los recursos entregados por el
Estado a las universidades era recibido en 1987 por el 40% más pobre
de la población.
Naturalmente, los universitarios no requieren de la ocurrencia
de temporales para hacer notar sus demandas y nadie se cuestiona la verdadera
necesidad de los mayores recursos que reclaman. A ellos les basta con destruir
la propiedad pública y los propios bienes universitarios para que
la autoridad reconozca la conveniencia de entregarles cuantiosas sumas de
dinero. Ojalá que los pobres sigan teniendo paciencia y no hagan
lo mismo que los estudiantes universitarios.
Pero lo cierto es que se verían muy beneficiados
si la autoridad decidiera repartir entre ellos el más de un millón
de pesos que les regala anualmente a los estudiantes de la Universidad de
Chile.
Afortunadamente, el mal ejemplo de estos jóvenes
universitarios -que representan el futuro del país- no es un fenómeno
generalizado del sistema de educación superior, dado que en unas
cuantas instituciones universitarias tradicionales no estatales y en el
sistema privado, los jóvenes se dedican a estudiar y a sacar provecho
de los recursos que la sociedad pone a su alcance en el caso de aquellos
que estudian en universidades que reciben aportes fiscales.
Nota:
1 ILADES "Bases para un Esquema de Financiamiento
Universitario"
 |