Nº344

9 de julio de 1997

 

La CASEN y la Distribución del Ingreso

Recientemente, han sido entregados a la opinión pública, los resultados de la encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (CASEN '96) constatándose una reducción importante de la pobreza en el país. Las cifras muestran que la población bajo la línea de pobreza se redujo desde un 27,5% en 1994 a un 23,2% en 1996, y la indigencia, que corresponde a aquellas personas cuya situación es más crítica, lo hizo desde un 7,6% a un 5,8% en el mismo período. Estos resultados pueden considerarse positivos y atribuibles principalmente al crecimiento económico sostenido que se ha registrado en los últimos 12 años en el país que ha permitido mayores y mejores oportunidades de empleo a todas las personas y con ello, un mayor bienestar económico.

Junto con estos resultados se han entregado las últimas cifras de la distribución del ingreso en el país que no presenta variaciones significativas en los últimos años. Como lo hemos planteado en otras oportunidades reducir la pobreza y distribuir el ingreso no constituyen la misma discusión y su mejoramiento requiere de políticas públicas diferentes.

Evolución de la Distribución del Ingreso

En el Cuadro Nº 1 se muestra la evolución de la distribución del ingreso en el país, concluyendose que se ha mantenido estable durante los últimos 30 años, período que se ha caracterizado por la aplicación de políticas sociales de la más variada índole en el país, las que no han tenido un gran impacto en términos distributivos.

Una de las conclusiones importantes al respecto es que un mejoramiento en esta materia es un problema de largo plazo y que la situación distributiva de hoy no estaría relacionada con la actual estrategia de desarrollo basada en una economía de mercado. Por el contrario, además de contribuir a la gran reducción de la pobreza en Chile, al incentivar ésta un fuerte crecimiento económico, ha permitido a través de mayores y mejores oportunidades de empleo, un mejoramiento de los ingresos en todos los estratos sociales.

Cuadro Nº1

Distribución del Ingreso de los Hogares

Según Quintiles 1965 - 1994

Quintiles

1965

1970

1975

1980

1987

1990

1992

1994

1996
I

4,0

3,8

4,2

4,6

4,5

4,6

4,9

4,6

4,1
II

8,0

7,1

8,4

9,0

8,2

8,6

8,7

8,5

8,2
III

12,8

11,3

12,9

12,7

12,1

12,5

12,4

12,3

11,9
IV

19,6

19,3

20,6

18,7

19,0

18,4

18,5

18,4

19,1
V

55,6

58,5

54,0

55,0

56,3

55,9

55,6

56,3

56,7

Fuente: Datos 1965 - 1980, Banco Central, sobre Encuestas de Empleo de la U. de Chile, Gran Santiago

Datos 1987 - 1996, MIDEPLAN, Encuesta CASEN

La evidencia empírica estaría demostrando que un mejoramiento distributivo estaría relacionado con nuestros niveles de capital humano y su evolución en el tiempo, ya que dichos factores condicionan el acceso al mercado laboral, la capacidad de generar ingresos de las personas y la determinación de los ingresos del trabajo. En el Cuadro Nº 2, se muestra en porcentajes para cada decil de ingresos, cómo se distribuyen los jefes de hogar según el nivel educacional que han alcanzado. Se concluye que mientras menor es la escolaridad es mayor la probabilidad de caer en los deciles de menores ingresos. Así, en el primer decil, correspondiente al 10% más pobre, el 50% de los jefes de hogar poseen educación básica o menos; en el segundo decil esa proporción cae al 47%; y así sucesivamente hasta alcanzar el 10% de mayores ingresos donde sólo el 10,7% ha alcanzado ese nivel educativo. Como contrapartida, aquellos jefes de hogar que poseen educación superior se agrupan preferentemente en el decil de mayores ingresos, donde el 45% ha alcanzado ese nivel educativo. Por consiguiente, se desprende que la educación es un factor de gran importancia al momento de analizar posibles cambios distributivos y queda de manifiesto que un cambio en esta materia se produce de una generación a otra.

Cuadro Nº 2

Nivel Educacional y Distribución del Ingreso

de los Jefes de Hogar según Grupos de Decil

Grupos de Decil - Porcentaje de Hogares

Nivel

Total

1

2

3

4

5

6

7

8

9

10
Educacional

Hogares
Sin Estudios

5,3

7,0

6,7

7,2

6,1

7,9

6,9

4,4

3,8

1,9

1,0
Básica

33,8

42,9

40,3

37,3

38,9

39,4

38,9

36,3

31,4

22,6

9,7
Media

48,1

48,3

51,1

52,2

51,1

45,8

46,5

48,6

48,9

47,6

40,9
Universitaria

11,1

1,4

1,4

2,2

2,9

5,6

5,7

8,9

13,8

24,1

45,0
Extra esc. y otros

1,8

0,4

0,5

1,1

1,0

1,4

2,0

1,8

2,1

3,8

3,3
Total

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

100,0

 

Fuente: INE- Ingresos de Hogares y Personas, 1995; Datos Oct-Nov. 1995

La Importancia de Focalizar

La situación distributiva actual refleja el acceso a las oportunidades educacionales y a los demás programas de inversión en recursos humanos que las personas pobres tuvieron en su infancia. Así hasta comienzos de los 70 se constataban en Chile promedios de escolaridad de sólo 4,3 años. Además, el 43% de los niños pobres no asistían a la escuela. Las cifras mostraban que sólo el 50% de los jóvenes accedía a la educación media. Estas restricciones inciden hoy en día en la baja productividad laboral de las personas más pobres y en su reducida remuneración. Desde esa época se hicieron en Chile grandes esfuerzos de focalización de los programas sociales en las personas de mayor pobreza, contribuyendo a elevar significativamente nuestros niveles de capital humano. Ello también ha permitido que muchas personas se hayan podido incorporar al proceso de desarrollo. Sin embargo, aún no han sido suficientes en términos de posibles mejoramientos distributivos, ya que aún los segmentos más pobres presentan restricciones importantes en términos educacionales. Ello se refleja en la escolaridad de la población que actualmente alcanza un promedio de 9,2 años y que presenta una dispersión importante según estratos socioeconómicos. En efecto, el quintil de menores ingresos aún no completa la enseñanza básica y el de mayores ingresos presenta una educación superior a los 12 años de estudio1.

Por consiguiente, se puede concluir que un cambio en la situación distributiva se produce de una generación a otra, reflejando la actual distribución del ingreso el acceso a las oportunidades educacionales que las personas tuvieron hace varias décadas atrás. Asimismo, futuros cambios distributivos ocurrirán en el mediano plazo y quedarán condicionados por el impacto que las políticas educacionales puedan tener en los segmentos de mayor pobreza a través de permitirles el acceso a una educación de mayor calidad que la actual.


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Pobreza, Temporales y Crisis Universitaria

La crudeza del invierno hemisférico en semanas recién pasadas ha puesto en evidencia una serie de debilidades del país que a muchos llamaron la atención y que, a otros llevaron a cuestionar las fortalezas del mutante Chile, que pasa con la facilidad de un rayo desde el status de jaguar al de gato famélico.

En efecto, las consecuencias de los temporales y su cobertura por los medios de comunicación, hicieron que muchos pudieran -o quizás debieran- comprobar la existencia de una importante cantidad de ciudadanos afectados por la pobreza.

Ello en la medida que el impacto de los inusitados fenómenos climáticos impactaron, como era de esperar, a aquellos sectores que cuentan con un equipamiento más precario en términos de infraestructura y viven en sectores marginales más riesgosos, donde hay déficits de pavimentación y colectores de agua.

Este hecho, inusitado para muchos, de tener que verse obligado a palpar el fenómeno de la pobreza, llama la atención en un país donde es común que, si no todos, por lo menos cada dos años se contabiliza a los pobres a través de la encuesta CASEN.

En verdad el país tiene un elevado nivel de pobreza y no debiera ser nada raro verlos, al menos en estas situaciones.

Tal vez la extrañeza de esta situación tenga que ver también con algo que ya es común en el discurso de algunos políticos: su afán por adueñarse de los pobres con fines electorales y propios de su actividad, los lleva a incluir en la pobreza a muchos que no tienen nada de pobres, pero que sus expectativas disociadas muchas veces de las posibilidades reales los hacen sentirse pobres y clamar por los beneficios estatales que tan pródigamente reparten los funcionarios de gobierno, dejando como siempre a los verdaderos pobres sin pan ni pedazo.

De allí que, tal vez, el comprobar la existencia de una pobreza verdaderamente cruda y dolorosa sea un impacto tan fuerte para los sorprendidos.

Lo anterior debiera ser una lección para muchos, empezando por los funcionarios de gobierno quienes deben sentir la obligación moral de hacer un buen uso de los recursos que la sociedad ha puesto en sus manos para ayudar a aliviar el problema de la pobreza, el que no debe ser caldo de cultivo de la corrupción como tampoco de una liviandad en su asignación.

Afortunadamente, el crecimiento económico y el empleo que éste genera, le ha permitido al país reducir en forma sustancial los niveles de pobreza como lo demuestran las estadísticas más recientes.

Huelgas y Universitarios

 

Es conveniente que las autoridades mediten sobre este fenómeno climático y su impacto sobre la verdadera pobreza, en especial cuando éste ocurre en forma paralela, pero afor- tunadamente con una menor extensión que otro fenómeno igualmente negativo: el de las huelgas estudiantiles en las universidades estatales.

En este otro angustioso episodio ha sido posible comprobar cómo las iniciales demandas estudiantiles de mayor participación se han tornado, ante la complacencia y complicidad de las autoridades de dichos planteles universitarios, en la antigua demanda por mayores recursos para tales instituciones, recursos que luego no están sujetos a ninguna forma de control o evaluación en torno a la eficiencia y a la eficacia en su utilización por parte del Gobierno y menos por parte de la sociedad.

Ello ocurre en circunstancias que todo el país conoce que los principales beneficiarios de estos aumentos de recursos que tan generosamente ha anunciado la autoridad educativa no se cuentan entre los más pobres como se ha podido comprobar en numerosos estudios al respecto. Más aún, no está demás recordar que según el estudio de ILADES1 , sobre la base de la Encuesta CASEN, un 88,3% de los jefes de familia que poseían estudios universitarios pertenecían al 40% más rico de la población y sólo un 12,1% de los recursos entregados por el Estado a las universidades era recibido en 1987 por el 40% más pobre de la población.

Naturalmente, los universitarios no requieren de la ocurrencia de temporales para hacer notar sus demandas y nadie se cuestiona la verdadera necesidad de los mayores recursos que reclaman. A ellos les basta con destruir la propiedad pública y los propios bienes universitarios para que la autoridad reconozca la conveniencia de entregarles cuantiosas sumas de dinero. Ojalá que los pobres sigan teniendo paciencia y no hagan lo mismo que los estudiantes universitarios.

Pero lo cierto es que se verían muy beneficiados si la autoridad decidiera repartir entre ellos el más de un millón de pesos que les regala anualmente a los estudiantes de la Universidad de Chile.

Afortunadamente, el mal ejemplo de estos jóvenes universitarios -que representan el futuro del país- no es un fenómeno generalizado del sistema de educación superior, dado que en unas cuantas instituciones universitarias tradicionales no estatales y en el sistema privado, los jóvenes se dedican a estudiar y a sacar provecho de los recursos que la sociedad pone a su alcance en el caso de aquellos que estudian en universidades que reciben aportes fiscales.

Nota:

1 ILADES "Bases para un Esquema de Financiamiento Universitario"


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