Las
Cuentas Claras:
¿Fisco Colaborador?
Ahorro Fiscal y Esfuerzo
Privado
Desde 1991 a la fecha, el superávit global del fisco
(su ahorro después de financiar la inversión), ha observado
una tendencia creciente. Es así como en 1996 éste fue un 2,2%
del producto, lo que es evidentemente superior al 1,6% que se logró
en 1991, y resulta aún más favorable si se le compara con
el 0,8% del producto observado en 1990. De aquí que normalmente el
gobierno destaque esta positiva evolución para evaluar el desempeño
de la política fiscal.
Es muy razonable destacar que el superávit fiscal
es una medida más global de la evolución fiscal que el análisis
parcial de los gastos. De aquí que se puede válidamente optar
por evaluar a la política fiscal por esta medida que refunde los
ingresos y gastos, en vez de usar sólo la evolución del gasto
fiscal.
Sin embargo, este valor neto de ingresos totales menos
gastos totales, no permite asignar al responsable del mayor supervávit.
Para explicar mejor el punto se ha intentado un cálculo muy simple:
¿cuánto hubiera sido el superávit fiscal si los ingresos
tributarios del gobierno se mantuvieran constantes como porcentaje del producto
respecto a los recaudados en 1989 ? Es decir, de no mediar el esfuerzo privado
para aumentar el financiamiento del gobierno a través de impuestos,
¿qué fue lo que hizo el fisco? Ello se puede ver claramente
en el gráfico Nº 1.
Gráfico Nº 1

El superávit observado (las columnas más
obscuras) muestran la tendencia creciente ya comentada del su-perávit
fiscal, así como también su leve disminución respecto
a 1995, aunque claramente superior al su-perávit de 1989. Las columnas
más claras reflejan el su-perávit que se hubiera logrado si
la recaudación de cada año no creciera como porcentaje del
producto respecto a la de 1989 (año base). De esta forma, el superávit
corregido que mide el efecto fiscal puro o neto del aporte tributario del
sector privado, se transforma en un déficit global.
Esto permite ver más claramente que si bien el superávit
tiene una tendencia creciente, ello no es atribuible a un esfuerzo de gasto
fiscal, sino a un crecimiento aún mayor de los recursos tributarios
que el gobierno absorbe.
Tipo de Cambio Real
y Política Fiscal
Lo anterior genera presiones sobre la tasa de interés,
la cual debe subir en términos reales para contener el gasto agregado
y poder generar espacios para rebajar la inflación. Es un hecho que
en estos mismos años el éxito en materia inflacionaria está
acompañado de un deterioro en el tipo de cambio real que se puede
calificar de "impactante".
Entre 1990 y mayo del presente año la inflación
ha cedido en 20,6 puntos porcentuales, mientras el tipo de cambio ha disminuido
un 40% en igual período, y un 20% respecto a su nivel del año
1986.
El impacto cambiario se ha visto magnificado por una situación
de gran liquidez externa, dado lo cual un incremento de las tasas de interés
internas se traduce en un incremento en los flujos de ingresos de capitales.
Pero ésto no significa que el problema sea un elemento externo; significa
que, dado ese factor externo, se dejó de hacer un esfuerzo de mayor
ahorro fiscal cuando más se requería.
Ante esta disyuntiva, en vez de asumir su esfuerzo fiscal,
el gobierno prefiere acudir a los ya tantas veces usados instrumentos restrictivos:
imponer un encaje a los créditos externos. Así, se trata de
frenar el espacio a la entrada de capitales, y abrir espacio interno para
continuar con esta dupla de política fiscal expansiva y monetaria
contractiva que ha sido la base de los equilibrios macroeconómicos
de acuerdo a su definición de los noventa.
No obstante, no podemos dejar de mencionar que el efecto
práctico del encaje ha sido abrir una brecha de costos en perjuicio
de las pequeñas y medianas empresas. Estas últimas sólo
pueden acceder al crédito en el mercado interno a tasas altas, mientras
las grandes lo pueden hacer en el sector externo a tasas de interés
menores. Esta apreciación es validada con los resultados del trabajo
de Salvador Valdés y Marcelo Soto,1 quienes concluyen que en el caso chileno las restricciones impuestas
a la entrada de capitales en Chile han tenido efectos microeconómicos
en términos de alterar la composición de la entrada de capitales,
pero no han afectado el flujo neto de ingreso de éstos. Desde el
punto de vista de la asignación de recursos, esto significa que hemos
asumido una serie de costos sin lograr el efecto deseado en los influjos
de capitales.
Como contraparte, la única alternativa de política
disponible para que países pequeños como Chile enfrenten estas
coyunturas externas de excesos de liquidez mundial son una combinación
adecuada de política fiscal restrictiva con una política monetaria
consistente con las tasas de interés externas vigentes. Evidentemente,
para las magnitudes de influjo de capitales observados en los noventa, la
tarea de anular el impacto de la entrada de capitales vía política
fiscal aparece como una labor titánica, en razón de lo cual,
debe buscarse complementar un esfuerzo en esta dirección con la aplicación
de reformas que permitan incrementar más allá la productividad
interna, de modo de compensar en parte el efecto que no sea posible anular
sobre el tipo de cambio real.
En ambos aspectos, la política chilena ha experimentado
falencias, de tal forma que todo el ajuste ha sido realizado por la vía
del deterioro cambiario. En efecto, el gasto público total, neto
de intereses e inversión financiera, precisamente cuando debió
crecer sólo moderadamente, lo hizo excesivamente a tasas superiores
a la de crecimiento del producto (ver cuadro Nº 1).
Cuadro Nº 1
Tasas de Crecimiento Real
anuales
|
Gasto |
PIB |
|
Gobierno |
|
| 1988 |
2,4% |
7,3% |
| 1989 |
-5,1% |
9,9% |
| 1990 |
-4,1% |
3,3% |
| 1991 |
10,1% |
7,3% |
| 1992 |
11,6% |
11,0% |
| 1993 |
9,2% |
6,3% |
| 1994 |
6,0% |
4,2% |
| 1995 |
6,9% |
8,5% |
| 1996 |
9,7% |
7,2% |
Fuente: Banco Central de Chile y Dipres.
El segundo componente de las políticas necesarias
especialmente en estas coyunturas económicas es el de incrementar
la productividad interna. Obviamente los encajes, como cualquier impuesto
distorsionador a un factor productivo, son exactamente lo contrario a una
política de aumentar la eficiencia de los mercados internos. Podemos
destacar en esta dirección la apertura lograda en materia de telecomunicaciones,
sin duda una importante contribución neta al desarrollo económico,
de la privatización de FEPASA, de Ferrocarriles. Podemos mencionar
como intenciones positivas a la lenta y tímida reforma bancaria,
de las anunciadas y tan tramitadas privatizaciones en los sectores sanitario,
portuario, aeroportuario, etc. En resumen, no fue por falta de ideas, o
de espacios disponibles para aplicar este tipo de políticas. Ha sido
falta de decisión y de empuje para sacarlas adelante.
Gráfico Nº 2

Conclusiones
Los efectos analizados ya han sido mencionados en muchas
oportunidades por Libertad y Desarrollo, y hoy aparecen siendo compartidos
crecientemente por analistas internos y externos, quienes junto con admirar
los resultados económicos de este país latinoamericano, contemplan
su pérdida de fuerza y liderazgo al momento de encontrar soluciones
innovativas y propositivas para enfrentar el futuro. En este sentido, los
años noventa han sido años de consolidación que el
país requería; un respiro tras el esfuerzo de los ochenta.
Pero creemos que empieza a ser tiempo de reaccionar nuevamente. Precisamente
hoy, las condiciones externas son extraordinariamente favorables para realizar
un significativo esfuerzo de ahorro fiscal a través de la austeridad
y de retomar el camino de las políticas de oferta. Se trata de consolidar
ahora nuestro proyecto de país que desea dejar atrás el subdesarrollo
y las frustraciones históricas.
1 Salvador Valdés y Marcelo Soto (1996): "¿Es
Efectivo el Control de Capitales en Chile?" Paper presentado en la
Conferencia Retorno de Capitales Privados a América Latina. Universidad
Católica. 30 y 31 de julio de 1996.
Tamaño
del Estado
Diversas autoridades del país, incluido el Presidente
de la República, se han referido sistemáticamente en las últimas
semanas al Estado y su rol en el proceso de desarrollo nacional. En general
estas apreciaciones oficiales coinciden en señalar que el Estado
en Chile no debe ser disminuido ya que consideran que su tamaño es
ya muy reducido y que más bien lo razonable es hacerlo crecer para
resolver los problemas sociales que el país posee. Asimismo, se plantea
la necesidad de un Estado regulador más importante. Parte de estos
argumentos surgen del reciente informe anual del Banco Mundial denominado
«El Estado en un mundo en transformación». Ahora bien,
una lectura completa de ese informe permite ver que su planteamiento central
va en la dirección de modernizar el Estado para adecuarlo a las nuevas
necesidades que plantea la economía de mercado abierta y la globalización.
En efecto, el referido documento señala que: "hay varias formas
de reducir la brecha creciente entre lo que se espera del Estado y su capacidad
de respuesta. La solución consistirá, en parte, en lograr
que las sociedades acepten una redefinición de las responsabilidades
del Estado. Para ello se precisará una selección estratégica
de las acciones colectivas que el Estado tratará de promover, junto
con mayores esfuerzos para aligerar la carga que pesa sobre el sector estatal
mediante la participación de los individuos y las comunidades en
el suministro de los bienes colectivos fundamentales.
Pero el proceso de reforma no puede limitarse a reducir
o diluir la función del Estado. Incluso con un enfoque más
selectivo y una mayor dependencia de la ciudadanía y las empresas
privadas, la atención de una amplia gama de necesidades colectivas
en forma más satisfactoria exigirá un mejor funcionamiento
de las principales instituciones estatales. A fin de elevar el nivel de
bienestar de la población tendrá que ampliarse la capacidad
del Estado, es decir, su capacidad de emprender y promover acciones de interés
lectivo en forma eficiente.".
En otras palabras, el Banco Mundial señala que hay
que traspasar al sector privado funciones que hoy desempeña el Estado
y que no corresponden a su rol,
y hacer más eficiente y fortalecer aquellas funciones
propias de él: es una aplicación del principio de subsidiariedad.
Desgraciadamente el gobierno ha politizado el debate al
centrarlo en el tamaño del Estado y de esa forma escabullendo el
tema de su modernización
En este análisis nos referiremos al planteamiento
del gobierno y al tema del Estado que el país necesita.
¿Es el Estado Pequeño?
En general las comparaciones que el gobierno realizó
para afirmar que el Estado en Chile es pequeño caen en un error fundamental.
En efecto, es confundir «peras con manzanas» ya que nos comparan
con países cuyo ingreso por habitante es varias veces superior al
nuestro. En otras palabras miden países desarrollados como Estados
Unidos, Europa y Japón con subdesarrollados como Chile. Lo correcto
es hacerlo con el tamaño del Estado en esos países cuando
experimentaron procesos de crecimiento altos y sostenidos. Esas comparaciones
muestran que hoy el tamaño del Estado en Chile (22% del PIB) es aproximadamente
7 puntos porcentuales mayor que el existente en los países hoy desarrollados
en su período de expansión. Así, por ejemplo, el tamaño
del gasto público en Estados Unidos fue de 12% del PIB en el siglo
pasado y de alrededor de 18% en 1938. En el caso de Japón el gasto
público fue de alrededor de 19% del PIB en 1950. Los períodos
citados en ambos países son de fuerte crecimiento económico.
El tamaño del Estado en esos mismos países hoy alcanza a 37%
y 32% del PIB, respectivamente y resulta relevante constatar que su crecimiento
económico es mucho menor.
Resulta interesante comparar el tamaño del Estado
a través de la carga tributaria en otros países que también
son relevantes para Chile. Así, por ejemplo el cuadro Nº 1 nos
muestra que en relación a países de América Latina
y del Sudeste Asiático nuestro país tiene una carga tributaria
alta. Luego, no son correctas las comparaciones realizadas y las conclusiones
obtenidas.
Cuadro Nº 1
Carga Tributaria Promedio
1993 - 1995
( % del PIB)
| CHILE |
19,2 |
| ARGENTINA |
14,6 |
| BRASIL |
20,9 |
| URUGUAY |
16,9 |
| HONG KONG |
12,4 |
| SINGAPORE |
17,5 |
(1): FUENTE FMI. Se excluye la seguridad social.
¿Un Estado Grande Soluciona
los Problemas Sociales?
No es lo que la realidad nos señala. En efecto,
mientras mayor es la libertad económica de un país lo que
está asociado a menor carga tributaria, poca regulación, libertad
de comercio y reducida inflación, mayor es el crecimiento y la generación
de empleos. Esto es lo que produce los aumentos de ingreso que permiten
superar la pobreza. En el caso de Chile ello ha sido evidente durante los
últimos 9 años en que el 80% de la superación de la
pobreza se debe al aumento del empleo producido por el sector privado. Más
aún, sabido es que a partir de 1990 se aumentó considerablemente
el gasto público en educación y salud (se ha más que
duplicado) sin que ello signifique producir resultados significativos en
mejorar la calidad de estos servicios estatales. Ello se produce porque
una proporción mayoritaria de esos recursos adicionales no se han
destinado focalizadamente a resolver los problemas más urgentes,
sino que más bien se han orientado a satisfacer las presiones de
los grupos más influyentes al interior de esas instituciones. Los
programas sociales suelen terminar no beneficiando a quienes más
los necesitan ya que otros sectores políticamente más influyentes
«capturan» esos recursos para sí mismos. Como dice el
informe del Banco Mundial «El Estado puede ser al mismo tiempo, capaz
pero no muy eficaz si su capacidad no se aplica a atender los intereses
de la sociedad».
Estado y Corrupción
El incremento del Estado no sólo tiene impacto económico
y social, también tiene relación con un fenómeno que
nos debe preocupar principalmente: la corrupción. Por diversos factores
este fenómeno ha aumentado en el país. Cuando existe un Estado
grande ya sea por su rol empresarial o regulador que interfiere en la actividad
de la sociedad se producen incentivos para beneficiarse de esa actividad
estatal. Así la corrupción crece con el aumento del tamaño
del Estado como se puede apreciar en el Gráfico Nº 1.

Todo lo anterior lleva a que el Estado tenga un rol fundamental
en la sociedad. Más aún, dado «que el que mucho abarca
poco aprieta» lo señalado va en la dirección de que
el Estado haga muy bien aquellas actividades que sólo él puede
realizar. Para que ello ocurra debe desprenderse de sus empresas y de servicios
que hoy puede realizar el sector privado. Así se podrá concentrar
en temas, como la delincuencia, la justicia, las relaciones internacionales,
la defensa, la promoción de la igualdad de oportunidades, la conducción
macroeco-nómica, la corrección de externalidades, etc., funciones
que hoy requieren urgentemente de un Estado eficiente para producir estos
bienes colectivos que nuestra sociedad demanda.

|