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La Crisis Asiática
y
su Impacto Fiscal
Hacia fines del año pasado se aprobó
en el Congreso la Ley de Presupuestos para 1998, con una autorización
de mayor gasto total neto1
para el sector público de un 8,2% real respecto de la ley
del año anterior. En esa oportunidad, el Gobierno proyectaba
un precio del cobre igual a 92 centavos de dólar la libra,
un crecimiento esperado del producto entre 6% y 7% para 1998.
En paralelo, el Banco Central, agregaba una expectativa de déficit
de cuenta corriente igual a 4% del producto2.
La crisis asiática y la evolución
del proceso de ajuste ante el exceso de gasto interno nos llevan
hoy a considerar importantes variaciones en las proyecciones económicas
oficiales. El Banco Central ha incorporado en sus estimaciones
un incremento en el déficit de cuenta corriente, anunciando
tasas que fluctúan entre un 6% y un 6,5% del producto.
Por su parte, hay consenso entre analistas y expertos
en proyectar un crecimiento del producto más cercano al
5%, como resultado del ajuste interno del gasto y de la caída
en los términos de intercambio. Asímismo se sostiene
que el precio del cobre puede fluctuar entre los 75 y 80 centavos
de dólar la libra, lo cual produce un déficit de
cuenta corriente más cercano a la cota superior del rango
anunciado por el Banco Central.
El Efecto en las Cuentas Fiscales
Desde el punto de vista del gobierno general, el
menor ritmo de crecimiento económico le significa unacaída
en la recaudación tribu- taria, y menores ingresos del
cobre. La menor recaudación tributaria se estima en unos
US$ 120 millones3,
a lo cual se le suma un efecto fiscal neto proveniente del menor
precio del cobre de otros US$ 350 millones.4
Si se consideran las nuevas estimaciones de ingresos del gobierno
general, con los gastos aprobados en la Ley de Presupuestos, entonces
el gobierno general mostraría un menor ahorro neto (sin
Fondo del Cobre) igual a 0,6% del producto, a lo que habría
que agregar los recursos girados desde los depósitos del
cobre cercanos a la mitad de ese deterioro. Así, el ahorro
total del gobierno general cae en 0,8% del producto.
En consecuencia, de no realizarse un ajuste en el
gasto público, se puede proyectar para fines de año
un déficit global neto del sector público5
de 0,9% del PIB; estamos hablando de un mayor uso de recursos
por un 1,8% del producto respecto del año 1997, ya que
el -0,9 debe compararse con el superávit global de 0,9%
del PIB del año pasado. El mayor uso de recursos llega
a 3,3% en relación al superávit promedio entre 1990
y 19976.
Es decir, en 1998 el sector público presentaría
por primera vez en años un déficit fiscal, y un
déficit cuasifiscal por segundo año consecutivo.
Ajustes en el Gasto
Fiscal
Un primer criterio para evaluar la necesidad de
ajuste en el gasto fiscal puede ser la de eliminar el déficit
del sector público, manteniendo la necesidad de absorber
recursos desde el sector privado para financiar el déficit
del Banco Central. Esto corresponde a unos US$ 720 millones (0,9%
del PIB). Este criterio considera anular el impacto presupuestario
en el gobierno, si CODELCO financia el resto de sus menores ingresos
con menor gasto, y por lo tanto nos mantiene en la situación
fiscal que el Gobierno consideraba deseable y posible antes de
la crisis asiática. Sin embargo, y como se desprende del
cuadro Nº1, este escenario involucra un deterioro fiscal
respecto del año anterior de otro 0,9% del producto. Tal
situación genera un impacto macroeconómico que deben
absorber el resto de los sectores de la economía.
Cuadro Nº1
Superávit del S. Público
(expresado como % del PIB)
| Gob. Central
| Superávit Global
|
| Ahorro
| FCC |
Gobierno |
Municip. |
EEPP | Total
|
| Bruto
| | Central
| | | |
| (1)
| (2) |
(3) | (4)
| (5) |
(3+4+5) |
| | |
| | | |
| 1988 | 5,3
| -3,0 | 4,0
| -0,1 | |
|
| 1989 | 6,9
| -3,8 | 5,3
| 0,0 | |
|
| 1990 | 4,8
| -2,3 | 3,1
| -0,1 | 0,5
| 3,5 |
| 1991 | 4,1
| -0,5 | 2,0
| 0,0 | 0,0
| 2,0 |
| 1992 | 5,3
| -0,3 | 2,6
| 0,0 | 0,3
| 2,9 |
| 1993 | 4,6
| +0,3 | 1,7
| 0,1 | 0,2
| 2,0 |
| 1994 | 5,0
| -0,1 | 1,8
| 0,0 | 0,4
| 2,2 |
| 1995 | 6,5
| -1,1 | 3,7
| 0,1 | 0,0
| 3,8 |
| 1996 | 6,0
| -0,2 | 2,5
| 0,0 | -0,5
| 2,0 |
| 1997 | 5,5
| 0,0 | 1,9
| 0,0 (*) | -1,0
| 0,9 |
| 1998(ley) | 4,3
| 0,0 | 0,9
| 0,0 (*) | -1,0
| -0,1 |
| 1998(correg) | 3,5
| +0,2 | 0,5
| 0,0 (*) | -1,0
| -0,9 |
Nota: Existen transferencias desde el Gobierno General
a las municipalidades y empresas públicas que deben ser
restadas del total. De acuerdo a la ley de presupuestos para 1997,
la cifra representaría un 0,2% del PIB.
(*) Cifras estimadas.
(1) Es el ahorro del gobierno, incluido el efecto
términos de itercambio por la fluctuación del precio
del cobre.
(2) Es la parte del ahorro del gobierno central que
se deposita cuando el precio del cobre es mayor al de mediano
plazo, en cuyo caso se anota con signo negativo, y viceversa.
(3) Superávit global del gobierno central,
incluido el efecto riqueza por el mayor precio del cobre.
(4) Superávit global de las municipalidades.
(5) Superávit global de la empresas públicas.
(6) Superávit global del sector público
consolidado (bruto de transferencias) con efecto riqueza proveniente
de las fluctuaciones en el precio del cobre.
No se está considerando tampoco que las cifras
correspondientes a 1997 son consistentes con un entorno macroeconómico,
en el cual ya existía un déficit de ahorro que se
suplía externamente, en torno al 5% del producto. Ello
estaba indicando la presencia de un desequilibrio. Para consolidar
las cuentas externas, situación importante de alcanzar
en circunstancias internacionales riesgosas, sería necesario
pensar en recursos suficientes para reducir el nivel de tendencia
del déficit de cuenta corriente desde el 5% observado en
los dos años anteriores a un 4% del producto. Ello demanda
un esfuerzo fiscal adicional de otros US$ 800 millones.
Resumen y Conclusiones
La situación fiscal a estas alturas del año,
con proyecciones de crecimiento entre 5% y 5,5% y un precio del
cobre de 75 centavos de dólar la libra, ha experimentado
un deterioro de unos US$ 470 millones, cuando se le mide como
necesidad de recursos, y de US$ 625 millones si se considera
el flujo financiero proveniente del FCC.
Es evidente, por lo tanto, que nuestra economía
debe lograr condiciones que permitan algún nivel de corrección
del tipo de cambio real, y reducir los costos del ajuste al gasto
vía tasa de interés y pérdida de reservas,
como hemos estado observando a lo largo de este año. Este
mecanismo de ajuste nos mantiene en una situación de fragilidad
frente a evoluciones más adversas en la economía
mundial. Para lograrlo, y tomando en consideración las
brechas de desequilibrio vigentes, la tarea fiscal es una rebaja
de gasto de al menos
US$ 800 millones. Esto es equivalente a un esfuerzo
fiscal considerable, pues se trata de reducir los niveles de gasto
establecidos en la Ley de Presupuestos en un 4,7%.
Debe mencionarse que pese a ello, un recorte de
esta magnitud abre espacio limitado al Banco Central para manejar
la conducción monetaria. En efecto, no cabe esperar en
el corto plazo mucha capacidad de manejo como para evitar la necesidad
de sostener altas tasas de interés y/o mantener un flujo
razonable de pérdida de reservas por la vía cambiaria.
Ello por cuanto la situación actual tiene implícito
un deterioro fiscal respecto al año 1997, que no tiene
relación alguna con la crisis asiática, sino que
corresponde a la decisión del Gobierno de presentar un
presupuesto fiscal más expansivo en 1998, y que debe traspasarse
al resto de la economía. Por lo tanto, para una correción
más permanente del exceso de gasto interno, el fisco debe
realizar en 1998 y 1999 un esfuerzo adicional al ya señalado.
Notas:
1 Se define como gasto total neto a la suma del
gasto corriente sin intereses del gobierno general, más
su inversión real y las transferencias de capital.
2 Posteriormente, el Banco Central corrige la
metodología de cálculo de la balanza de pagos, como
resultado de lo cual ese 4% puede corregirse en aproximadamente
un punto más del producto. Es decir, hay un punto de diferencia
en la estimación del déficit de cuenta corriente
atribuible a la metodología de cálculo.
3 Esto es el efecto de una caída de un
1% en el crecimiento esperado del producto (se reduce desde un
6,5% a un 5,5%).
4 Considera el efecto tributario y sobre los
excedentes, descontado los retiros desde el Fondo de Compensación
del Cobre.
5 Se llama sector público a la consolidación
del gobierno central, las municipalidades y las empresas públicas.
6 El superávit global promedio del sector
público entre 1990 y 1997 es de 2,4% del producto.
Delincuencia: Medidas
Efectivas ¿por Cuánto Tiempo?
El problema de la delincuencia en Chile se ha ido
agravando cada vez más, pasando a constituir un tema de
preocupación para la ciudadanía. Esto ha llevado
a diversos sectores a proponer medidas para solucionar o al menos
aminorar su impacto.
El Gobierno ha anunciado algunas medidas que apuntan
en la dirección correcta. Estas son: reformas al reglamento
interno de los recintos penitenciarios, medidas tendientes a restringir
la libertad provisional y la aplicación del llamado "plan
tolerancia cero" en las instituciones policiales.
Nuevo Reglamento
Penitenciario
La primera de ellas, consistente en diversas modificaciones
realizadas al Reglamento Carcelario existente desde 1992, fue
suscrita por el Presidente Frei hace algunos días. En este
nuevo reglamento se establece que los reclusos que sean reincidentes
deberán cumplir el total de la pena original, independiente
de la segunda sentencia. En él, se limitan también
las visitas a los reos a una vez por semana, al mismo tiempo que
se establece una nueva modalidad de beneficio penitenciario, definida
como salida de fin de semana, la que establece la no reclusión
nocturna los días viernes y sábados para los reclusos
que puedan acceder a ella.
Por otro lado, establece que los menores de entre
16 y 18 años deberán permanecer en establecimientos
de uso exclusivo, totalmente separados de los internos adultos,
medida que en la actualidad existe pero que no ha podido ser cumplida
en su totalidad.
Libertad Provisional
La otra medida, relacionada con las libertades provisionales,
fue presentada por la Corte Suprema en el informe preliminar que
fue remitido al Senado y que contiene las opiniones sobre el nuevo
sistema de enjuiciamiento criminal. En éste se señala
que es necesario establecer mayores exigencias al momento de otorgar
este derecho, ya que en la actualidad acceden a él alrededor
de 15.000 procesados al año.
Conviene aclarar que existen dos figuras que en ocasiones
se tienden a confundir; éstas son la libertad provisional
y la condicional. La primera es un derecho que poseen las personas
que se encuentran en proceso, mientras se cumple el tiempo en
que se decide su culpabilidad, posibilidad que depende de la decisión
del juez que tiene a cargo la causa. Por su parte, la libertad
condicional es un beneficio al que pueden acceder los condenados
que, habiendo cumplido en prisión al menos la mitad de
la pena, demuestren arrepentimiento y rehabilitación conductual.
En este caso, la persona que decide acerca de este beneficio es
el Secretario Regional Ministerial de Justicia, y no el juez.
Plan Tolerancia
Cero
Otra de las medidas que intentan atacar el creciente
problema de la delincuencia y que cabe destacar, es el reciente
enfoque comenzado a aplicar por las instituciones de Carabineros
e Investigaciones, llamado "tolerancia cero". De acuerdo
a la información aparecida en la prensa, este plan define
operativos conjuntos entre estas dos instituciones durante los
fines de semana en zonas de la ciudad denominadas de alto riesgo.
Cabe señalar en todo caso que el concepto de tolerancia
cero que ha tenido éxito va más allá de estos
operativos conjuntos e involucra una serie de acciones coordinadas
no sólo entre entidades policiales, sino a nivel de distintas
entidades gubernamentales.
Efectos de las Medidas
y su Talón de Aquiles
El efecto esperado de este conjunto de medidas es
una reducción en los niveles de delincuencia, ya que con
ello se estaría aumentando el costo de delinquir. El aumento
del costo proviene, por un lado, de los menores beneficios otorgados
a los reclusos, y por otro, de la mayor probabilidad de ser aprehendido
como consecuencia del nuevo enfoque adoptado por Carabineros e
Investigaciones. Ello, en conjunto, aumentaría la pena
que espera recibir un delincuente si es detenido, procesado y
condenado1.
Lo que Falta
Si bien analizábamos lo positivo de las últimas
medidas propuestas para combatir el problema de la delincuencia,
es posible que las autoridades no hayan considerado el efecto
secundario de ellas. Esto se reflejaría en un considerable
aumento de la población reclusa del país, lo que
generaría un colapso del sistema carcelario. Si ello sucede,
el impacto de estas medidas será limitado en el tiempo,
ya que estarán determinadas por la capacidad física
de los recintos carcelarios existentes. En efecto, la población
reclusa2 promedio
ha ido aumentando considerablemente en el último tiempo,
llegando a ser superior a 25 mil personas durante 1997.
Cabe resaltar que el número de detenidos
se ha mantenido estable en el período 1980 - 1997; y lo
que explica el crecimiento del total de reclusos es el aumento
que se ha producido en los procesados y condenados.
Los índices de hacinamiento en Chile son
elevados. La sobrepoblación carcelaria total al año
1991 era de 24%. Estas cifras, por otro lado, descartan toda posibilidad
de rehabilitación efectiva, pues la experiencia internacional
muestra que para una adecuada rehabilitación se requiere
de niveles de ocupación de la infraestructura carcelaria
no superiores al 95%3.
Ahora bien, si estimamos la evolución que tendrá
la población reclusa del país una vez que se comiencen
a poner en práctica las medidas que se han definido estas
últimas semanas, vemos que el panorama es más crítico
aún.
Si consideramos que el aumento que se produciría
en la cantidad de aprehendidos por el enfoque "tolerancia
cero" fuera equivalente a 10%, y mantenemos constante la
variación anual en el número de reclusos que se
encuentran en esta situación en calidad de procesados o
condenados, dejando fuera de la estimación los cambios
en el nivel de reclusos que se podrían producir a raíz
de las restricciones al beneficio de libertad provisional; podemos
ver (cuadro Nº1) el efecto que tendría esto en el
total de reclusos del país en algunos años más.
Esto, considerando un aumento en la capacidad carcelaria de 15%
entre 1991 y 1997. En este caso (asumiendo un escenario conservador
que supone que el número de detenidos aumentaría
en 10% al año), vemos que para el año 2002 existiría
un nivel de sobrepoblación del 50% de la población
reclusa.
Cuadro Nº1
Evolución de Capacidad y Población
Sistema Carcelario
| Año | Capacidad
| Nr. Reclusos | Sobrepoblación
|
| (núm. pers.)
| | |
| 1991 | 16.775
| 20.872 | 1,24
|
| 1997 | 19.291
| 25.137 | 1,30
|
| 2000 | 19.291
| 27.297 | 1,41
|
| 2002 | 19.291
| 28.854 | 1,50
|
Fuente: Elaboración propia sobre la base del
Compendio Estadístico de la Población
Atendida por Gendarmería de Chile, 1997.
La pregunta entonces sería ¿cómo
mejorar la infraestructura para lograr un nivel aceptable de cárceles,
que cuente con capacidad suficiente para recibir y mantener a
los reclusos que suponemos irán en aumento, dada la evolución
que han tenido los índices de delincuencia?
¿Cómo Financiar
más Cárceles?
Como vemos, el mayor problema es cómo lograr
un aumento considerable en la infraestructura carcelaria existente.
El Estado no cuenta con los recursos necesarios para esto, por
lo que la solución sería incorporar al sector privado,
ya sea en la construcción o administración. Sólo
así, aunando las capacidades del sector público
y del privado, se logrará superar la crónica falta
de recursos del sistema carcelario, aumentar la eficiencia en
la gestión y rebajar los costos operativos.
La experiencia internacional, especialmente norteamericana,
muestra que es posible que el Estado delegue la administración
de los recintos penitenciarios en entidades privadas, con o sin
fines de lucro4.
La experiencia también muestra que los costos operacionales
de los privados pueden ser de hasta un 8% menores5
que los públicos. El financiamiento
podría operar mediante subvención estatal por recluso
atendido, como ya se ha intentado con éxito respecto de
los menores en situación irregular. O bien, por contratos
de cierto número de años, en los cuales el Estado
entrega al privado un porcentaje de lo que actualmente gasta en
hacerlo él mismo. De hecho, ese esquema ya se ha aplicado
parcialmente en Chile, respecto de las cárceles para mujeres.
Otro mecanismo es el de la construcción de
los recintos. La experiencia comparada muestra que los costos
privados de construcción son hasta de un 20% inferiores
a los estatales. Existen diversos mecanismos de financiamiento,
entre los cabe resaltar el financiamiento por arrendamiento o
el arrendamiento con opción de compra, entre otros. La
metodología de arrendamiento evita demoras y minimiza los
costos, inclusive los gastos extraordinarios causados por el tiempo,
en que se incurre en otros sistemas de financiamiento6.
Conclusión
Si bien las últimas medidas propuestas para
combatir la delincuencia deben ser consideradas como positivas,
hay que tener presente que para que sean efectivas y se mantengan
en el largo plazo, se requiere de una mayor infraestructura carcelaria.
Para esto, se hace necesaria una gran cantidad de recursos y la
aplicación de reformas estructurales al interior de este
sector. Se ha comprobado, a través del tiempo, que las
inyecciones de recursos en forma independiente a modernizaciones
no han sido efectivas. Esto nos lleva a plantear nuevamente la
idea de incluir al sector privado en esta área, proponiéndose
el sistema de subvención por recluso atendido, modalidad
que se ha visto que funciona en nuestro país a nivel de
los menores en situación irregular.
Notas:
1 El nivel de delincuencia se encuentra directamente
relacionado con el castigo esperado que el delincuente percibe.
Este castigo se expresa como el tiempo que un criminal espera
cumplir en la carcel cuando comete un delito, dadas las probabilidades
de ser aprehendido y enviado a prisión condenado.
2 El término recluidos incluye tanto a las
personas detenidas, como a las procesadas y condenadas.
3 Tema Público 167, octubre 1993.
4 Prision Increase Explains Decline in Texas Crime
Rate; NCPA, Enero 1996.
5 Tema Público 167, octubre 1993.
6 Serie Opinión Social 20, agosto 1993.
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