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Rebaja de Aranceles
y Agricultura
El tan esperado proyecto de rebaja arancelaria,
que en principio contendría una rebaja pareja del 11% al
6%, ha dado mucho de que hablar durante las últimas semanas.
El tema es de suma importancia para el país, dada la evidencia
empírica existente acerca del impacto positivo que tiene
la eliminación de barreras al comercio exterior sobre el
crecimiento en el mediano y largo plazo.
A mediados de este mes, 37 economistas de diferentes
tendencias manifestaron la necesidad de aplicar lo antes posible
la rebaja de aranceles en forma uniforme. Asimismo, 17 senadores
de diversas bancadas políticas suscribieron una carta en
que, al mismo tiempo de apoyar la rebaja de aranceles para todo
el resto de los rubros, proponían mantener la tasa actual
del 11% para los llamados productos agrícolas sensibles
como trigo, azúcar, carne, leche y oleaginosas. Este último
planteamiento altera la política arancelaria seguida en
Chile los últimos 18 años, ya que significa imponer
lo que se conoce como una estructura de aranceles diferenciados
que, por una serie de motivos que revisaremos a continuación,
resulta inconveniente para el país y también para
el propio sector agrícola.
Los Costos de la
Diferenciación Arancelaria
La existencia de aranceles diferenciados produce
ineficiencias en la asignación de los recursos. Ello por
cuanto se alteran artificialmente los precios relativos que enfrentan
los productores y los consumidores de los bienes, incentivando
a los productores del bien "protegido" a producir más
de la cuenta y, por ende, a que se produzca una cantidad subóptima
de otros bienes. Por su parte, los consumidores, que deben pagar
un precio más alto por ese producto, tienden a privarse
de su consumo y a comprar algún sustituto. El resultado
es que el país entero pierde, porque no se aprovechan las
ventajas comparativas al comerciar con otros países.
El sector agrícola chileno está compuesto
enminentemente por productores de bienes primarios; es decir,
ellos son utilizados como insumos para producir bienes intermedios
y finales, por lo cual se dice que los bienes agrícolas
enfrentan una "demanda derivada". Además, aproximadamente
un 54% del sector es sustituidor de importaciones, dentro del
cual se encuentran los productos sensibles como trigo, azúcar,
carne, leche y oleaginosas, a los que se pretendería otorgar
una tasa de aranceles diferenciada respecto al resto de los bienes
importados.
El efecto de la diferenciación arancelaria
sería encarecer relativamente estos insumos respecto de
sus sustitutos en la producción. La reacción natural
de los productores de bienes intermedios y finales sería
eludir este mayor costo en la medida de lo posible. El primer
efecto esperado es producir una sustitución hacia la utilización
de otros insumos, la que dependerá de la tecnología
de producción utilizada en cada caso particular. A modo
de ilustración, aproximadamente un 50% de la demanda por
azúcar, la realizan los productores de bebidas gaseosas.
Una tasa arancelaria diferenciada para el azúcar incentivaría
a los productores de gaseosas a utilizar la glucosa como insumo,
por lo que la demanda por azúcar disminuiría dañando
finalmente a los productores de remolacha.
Pero un segundo efecto mucho más perjudicial
para los productores agrícolas "protegidos" es
el incentivo generado para que las fábricas productoras
de bienes intermedios y finales, que utilizan como insumo los
productos agrícolas,se trasladen hacia otros países
con sectores agrícolas más competitivos. Ilustraremos
este punto en forma simple, tomando como ejemplo el caso del trigo.
Si mediante un arancel diferenciado, encarecemos el trigo respecto
del resto de los bienes, una empresa productora de tallarines
puede trasladar sus plantas a un país vecino. La empresa
compraría trigo y utilizaría mano de obra del país
extranjero para producir sus tallarines. Una vez terminado el
bien final, se importarían desde Chile los tallarines extranjeros
sin pagar una tasa de aranceles más alta que para el resto
de los bienes de la economía. A la ineficiencia que significa
este proceso para el país se agrega el hecho que estas
decisiones de traslado tienden a ser bastante irreversibles, por
lo cual los agricultores se podrían ver perjudicados definitivamente.
En síntesis, el arancel especial más
alto, que aparentemente proteje a la actividad agrícola,
genera incentivos económicos que terminan castigando definitivamente
al sector. En un mundo globalizado y con alta movilidad del capital
como el que hoy existe, estos efectos perversos de un arancel
diferenciado van a ocurrir más rápida e intensamente.
El Impacto Político
Los aranceles diferenciados también producen
un impacto político en los países. En efecto, colocar
aranceles más altos para algunos rubros y más bajos
para otros produce el incentivo para que los sectores beneficiados
se movilicen y organicen para influir en el sistema político
de tal manera de mantener su posición de privilegio de
corto plazo. Ello genera una dinámica perversa ya que los
productores en vez de realizar esfuerzos para aumentar la productividad
y la eficiencia, los realizan para influir en la autoridad política.
Esto se traduce en fenómenos de corrupción y en
definitiva en menor progreso. La experiencia chilena nos muestra
que cuando se desatan dinámicas como las señaladas
hay triunfadores y perdedores. La agricultura en el pasado resultó
perjudicada ya que hay estudios que muestran que la industria
resultó favorecida con un arancel 150% superior al de la
Agricultura1. Volver a
una estructura diferenciada de aranceles va a generar en el futuro
nuevamente esa dinámica política que terminará
dañando al sector agrícola.
El Acuerdo con
el Mercosur
Un argumento que se ha dado para excluir de la rebaja
arancelaria a algunos productos agrícolas es que de no
hacerse se violaría el acuerdo alcanzado cuando se aprobó
el tratado del MERCOSUR. En cuanto a lo anterior se debe aclarar
que en dicho acuerdo no se fijaron las tasas de aranceles con
que se gravarían los productos al comerciar con el MERCOSUR,
sino que se establecieron las preferencias arancelarias que se
otorgarían para los diferentes productos. Es decir, se
fijó el porcentaje de desgravación (que iría
creciendo en el tiempo hasta alcanzar una preferencia del 100%)
a aplicar sobre la tasa arancelaria vigente para el resto de los
países. El proyecto de rebajar los aranceles en forma pareja,
al disminuir la base sobre la cual se aplica la preferencia,
es perfectamente consistente con los términos acordados
con el MERCOSUR, y continúa dejando a la agricultura en
una situación protegida respecto a otros sectores. Más
aún, debe recordarse que existió mayoría
en el Senado para aprobar el MERCOSUR sólo cuando el Ejecutivo
se comprometió a rebajar unilateralmente el arancel externo.
Es decir, la rebaja unilateral que hoy se anunciaes consistente
con el acuerdo político en torno al MERCOSUR. Por el contrario,
si se mantiene el arancel de 11% para ciertos productos agrícolas,
lo que en realidad se estaría haciendo es proteger aún
más a los productos agrícolas sensibles respecto
del resto de los productos de la economía.
Capitalización
del Sector Agrícola
Otro argumento utilizado para discriminar arancelariamente
ha sido el de declarar que el sector de la agricultura requeriría
de medidas que ayuden a su capitalización para aumentar
sus rentabilidades2. En
este sentido se ha propuesto rebajar unilateralmente los aranceles
para los fertilizantes y maquinaria agrícola, para así
rebajar los costos de los insumos en este sector, y al mismo tiempo
excluir de la rebaja unilateral de aranceles a los bienes agrícolas.
Respecto a esta propuesta se debe mencionar, en
primer lugar, que la experiencia internacional no avala el logro
del objetivo de una mayor capitalización a futuro por esta
vía. Se ha visto que al mantener por un tiempo una mayor
protección efectiva a un sector en que las rentabili- dades
son apenas marginales, lo único que se consigue es generar
rentas transitorias, que luego son retiradas junto con el capital
para ser invertidas en otros sectores. En algunos casos, el intento
de ir contra las fuerzas del mercado lleva a caer en un espiral
de proteccionismo con pérdidas sociales cada vez mayores.
En segundo lugar, para capitalizar y potenciar a
la agricultura, los aranceles no deben ser utilizados como instrumento.
Existen otros mecanismos más directos y más eficientes
que establecer una estructura de aranceles explícitamente
diferenciados. Esta fórmula propuesta por algunos parlamentarios
obstaculiza la necesaria reconversión en el sector agrícola
y perpetúa problemas estructurales que no son acordes a
la realidad internacional; es decir, se intenta "atacar los
síntomas y no la enfermedad". Lo correcto sería
enfrentar la raíz del problema mediante políticas
directas que, además de aumentar la productividad del sector,
estén ligadas a incentivar la reconversión en la
producción agrícola. A modo de ejemplo, se pueden
mencionar políticas de: fomento al mejoramiento del riego,
mejoramiento del suelo, desarrollo de nuevas tecnologías,
capacitación y flexibilización del mercado laboral,
desarrollo de infraestructura, flexibilización del mercado
de la tierra, entre otros.
Cuadro Nº1
Protección Adicional por Bandas de Precios de
Productos Agrícolas
| Producto | Protección Prom. 86-97
|
| aceites | 20% |
| trigo | 11% |
| azúcar | 5% |
Fuente: Quiroz 1998
Cabe destacar que ya existe en nuestro país
un sistema que protege a productos como el trigo, el azúcar
y las oleaginosas: las bandas de precios. Los niveles de protección
que ellas han significado se muestran en el cuadro Nº1. Las
bandas de precios, si bien protegen especialmente a estos productos
sensibles, dan una señal correcta en el sentido que se
van ajustando con un rezago de un año a la tendencia en
sus precios internacionales.
Conclusión
El proyecto de rebaja unilateral de aranceles debe
ser uniforme. Ello es indispensable para que nuestro país
acceda a los enormes beneficios que significa la apertura al
comercio internacional. Una rebaja diferenciada no le conviene
al país: no le conviene a los 14 millones de consumidores,
y no le conviene al sector de la agricultura.
Notas:
1 S. De la Cuadra y D. Hachette, "Apertura Comercial
Chilena", U. de Chile.
2 Quiroz, Jorge (1998), "Estructura Arancelaria
y Competitividad Agrícola: Una Propuesta para la Transición",
GERENS Ltda.
Evaluación de los
Programas del Gobierno
Dado que los recursos -tanto privados como públicos-
de una economía son limitados, en tanto que las necesidades
son múltiples, siempre se debe ser eficiente en el uso
que se hace de ellos. En el caso del sector privado, la existencia
de un dueño que arriesga su propio patrimonio es un muy
buen mecanismo para lograr eficiencia. El sector público,
en cambio, requiere resguardos adicionales para lograr ese objetivo.
Por ello es doblemente importante la correcta evaluación
de proyectos y programas, lo que además se justifica porque
el Estado administra recursos que son de todos los ciudadanos.
En definitiva, debemos superar el concepto de que aumentar el
gasto de gobierno es bueno per se y exigir que se evalúe
su eficiencia.
En períodos de restricción externa
como el que atraviesa nuestro país, se requieren esfuerzos
adicionales para reducir el exceso de gasto. El Gobierno puede
contribuir a ello, postergando inversiones y/o disminuyendo gastos.
En forma complementaria, además de disminuir la cantidad
de recursos gastados, se debe aumentar la calidad de los programas
que reciben dineros fiscales, haciéndolos más eficientes
y más focalizados hacia los grupos objetivos, especialmente
los más pobres, que son los que se ven más afectados
en los períodos de crisis.
Un objetivo de cualquier proceso de modernización
del Estado es justamente aumentar la eficiencia en el uso de los
recursos públicos. La creación del Programa de Evaluación
de Proyectos Gubernamentales (PEPG) constituye un primer paso
en esa dirección. El PEPG nace durante la tramitación
del proyecto de Ley de Presupuesto para el año 1997, cuando
el Gobierno acepta firmar un Protocolo de Acuerdo con los parlamentarios,
en el que se compromete a someter a evaluación externa
a 20 programas de gobierno durante el primer año. Para
el segundo año, los programas a ser evaluados aumentaron
a 40 y se incluyó en la nómina a tres servicios
públicos.
¿Qué
se Espera de las Evaluaciones?
El valor de realizar evaluaciones a los programas
gubernamentales radica, por un lado, en que entrega información
crucial a las autoridades para la toma de decisiones. Con dicha
información, la autoridad debería estar en condiciones
de decidir, por ejemplo, si se deben reasignar recursos desde
un programa a otro, si se necesita rediseñar un programa,
reforzando ciertos aspectos, o si simplemente debe ser eliminado
porque no cumple sus objetivos.
Por otro lado, el hecho de que los resultados de
las evaluaciones sean de accesibilidad al público tiene
en sí mismo un enorme valor, porque introduce transparencia
en el proceso de toma de decisiones en el sector público.
La evaluación de proyectos consiste básicamente
en identificar, medir, y luego valorar, los costos y beneficios
que surgen de realizarlo. Para ello, es evidente que resulta necesario
haber definido previamente los objetivos del proyecto. En términos
generales, los aspectos mínimos sobre los cuales se debería
pronunciar un informe de evaluación son:
Cumplimiento de objetivos.
Focalización del programa de gobierno.
Es indispensable que arrojen alguna medida de la
rentabilidad social del programa.
Lamentablemente, y como veremos a continuación,
los primeros 20 informes de evaluación dejan mucho que
desear en estos aspectos.
¿Qué Dicen
las Primeras Evaluaciones?
La desilusión que surge al analizar el contenido
de los informes entregados por paneles de expertos es doble. Por
un lado, se refleja la falta de control en la gestión,
la poca planificación y el inadecuado diseño de
muchos programas. Por otro lado, y en cierto grado como consecuencia
de lo anterior, las evaluaciones en sí mismas no han resultado
de la utilidad que se esperaba.
Respecto al cumplimiento de objetivos, resulta preocupante
constatar que sólo en tres casos el panel de evaluación
manifestó que el programa cumplía sus principales
objetivos. En la mayoría de los casos, debido a la falta
de información, seguimiento y monitoreo en los programas,
no se contó con indicadores de resultados ni metas. Por
ello, los evaluadores se manifestaron imposibilitados de concluir
acerca del cumplimiento de objetivos de los programas. Es más,
en un par de casos ni siquiera se encontraba claramente definido
el objetivo del programa.
Como ejemplo se puede mencionar el caso del Programa
de Reforzamiento de la Atención Primaria de Salud (PRAPS).
El panel evaluador de este programa solo pudo informar acerca
de dos subprogramas, ya que "no fue posible obtener información
verbal ni escrita actualizada sobre cuáles son los otros
componentes del PRAPS, ni sobre cuáles son los montos presupuestarios
involucrados". En consecuencia, el panel no se pudo pronunciar
sobre si se cumplían o no los objetivos del PRAPS.
Respecto a la focalización de los programas,
en muchos casos no se tenía información de los beneficiarios
potenciales y/o de los beneficiarios reales; por lo tanto, no
se pudo concluir acerca de la focalización de esos programas.
Un ejemplo de ello es el Programa de Agua Potable
Rural, en que el panel de evaluadores manifestó que "por
escaso tiempo de funcionamiento del programa además de
la poca información formal que se maneja de la operación
de los sistemas, no se puede analizar el impacto del programa
en los beneficiarios".
Respecto a determinar la rentabilidad social de
los programas, que es un objetivo primordial de las evaluaciones,
en la gran mayoría de los casos los panelistas no pronunciaron
opinión. La principal limitación a la que se enfrentaron
fue que ni siquiera se conocían los costos por beneficiario
de los programas. Se debe mencionar que en sólo cinco oportunidades
los evaluadores catalogaron a un programa de eficiente, sin embargo,
no siempre contaban con respaldo cuantitativo sólido para
sostenerlo. En las evaluaciones restantes no se observa una posición
clara de parte de los panelistas respecto al tema.
Uno de los paneles que manifestó no contar
con antecedentes completos fue el panel evaluador del Programa
de Capacitación Laboral de Jóvenes (Fase II). Sin
embargo, cabe mencionar que la primera fase de este programa se
había financiado a través de un contrato con el
Banco Interamericano de Desarrollo (BID), y dicho organismo había
solicitado una evaluación de esta primera fase. Los datos
que se obtuvieron gracias a dicha evaluación se presentan
en el Cuadro Nº1.
Cuadro Nº1
Efectividad del Programa sobre
Capacitación Laboral de Jóvenes
| Grupo Capacitado
| Grupo de Control |
| | sin Capacitación
|
| | |
| Inscritos | 100%
| |
| Egresados | 74%
| |
| Inserción laboral
| 43% | 39%
|
Fuente: Evaluación de la Capacitación
Laboral de Jóvenes Fase I
La efectividad del programa en su primera fase resulta
cuestionable a la luz de la información ilustrada en el
Cuadro Nº1. Este muestra que el 43% de los jóvenes
inscritos en el programa tuvieron una reinserción laboral.
El resultado no marca una diferencia demasiado notable respecto
a la inserción laboral (39%) que alcanzaron los jóvenes
de un grupo de control comparable que no habían recibido
capacitación en el programa.
Ha quedado en evidencia la recurrente falta de información
sobre aspectos claves para realizar una evaluación y para
tomar decisiones acertadas en la asignación de los recursos.
Si la razón es la falta de voluntad de los organismos por
entregar la información, ello estaría atentando
contra la transparencia y obligación que se les explicitó
en el punto 5 del Protocolo de Acuerdo. Si, en cambio, la falta
de información básica se debe a que las mismas instituciones
no cuentan con ella, se estaría reflejando una preocupante
falta de planificación y monitoreo en los programas de
gobierno. En cualquiera de los dos casos el hecho no deja de ser
grave.
Conclusiones
El aumento en el bienestar de la población
de un país no depende sólo de la cantidad de proyectos
que se lleven a cabo, sino también de la calidad de los
mismos.
Las evaluaciones a los 20 programas gubernamentales
realizadas el año pasado constituyen un esfuerzo loable
en vías de generar información acerca de esta calidad,
y de esta manera facilitar la toma de decisiones en cuanto a la
asignación del presupuesto y el rediseño de programas.
Sin embargo, los resultados de las evaluaciones muestran que,
en general, la política ha sido aumentar el presupuesto
de los diferentes programas públicos sin poner el énfasis
suficiente en que este mayor gasto esté bien asignado,
ni tampoco en que se logre una gestión más eficiente
en los programas públicos.
Siendo optimistas, la buena noticia que resulta
de este análisis es que queda mucho espacio para aumentar
la eficiencia en el uso de los recursos públicos. Es de
esperar que en las próximas evaluaciones se observe un
avance en estos aspectos.
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