Frente al Proceso
de Extradición
del Senador Augusto Pinochet
Se ha consumado en Londres, con la decisión
del Ministro Jack Straw de dar curso a un proceso de extradición
del Senador Augusto Pinochet, una grave agresión a Chile
del Gobierno del Reino Unido, que se suma de esta manera al Estado
español en una acción cuyas consecuencias para nuestro
país y para el derecho internacional son por ahora imprevisibles.
Explicar las razones por las que se ha llegado a
este punto resulta complejo, pero no puede dejar de mencionarse
la intención de los gobiernos europeos de dar una suerte
de testimonio "moral" al mundo de su preocupación
por el tema de los derechos humanos, para lo cual elegir como
símbolo al General Pinochet ha resultado funcional y de
bajo costo. Cerrar un siglo en que se han cometido tales atrocidades
en esta materia, especialmente en territorio europeo con este
golpe de efecto, puede ser políticamente atractivo para
los Gobiernos envueltos, que a decir verdad no han detonado el
tema, sino sólo han colaborado mediante la politización
de sus órganos judiciales, que han actuado como cómplices
de las maniobras a veces abiertamente irregulares de los activistas
socialistas, como el señor Joan Garcés, que con
gran audacia han provocado esta situación.
Atropello al Derecho
y a la Soberanía
El que para lograr este efecto haya debido prescindirse
por completo del derecho, no parece causar muchos problemas a
los gobiernos de España y Gran Bretaña.
La globalización del derecho en materia de
derechos humanos, que es una tendencia efectivamente presente
en el último tiempo, jamás puede pasar por alto
el hecho que la jurisdicción para conocer de supuestos
delitos corresponde, sin lugar a dudas, sólo a los tribunales
del país en que sucedieron los hechos o a una corte internacional.
Afirmar lo contrario, y dar por lo tanto legitimidad a la actuación
de un tribunal español en este caso, constituye una manifestación
de neocolonialismo que es inaceptable para Chile o cualquier otro
país soberano. En efecto, es impensable que un tribunal
de un país pequeño vaya a intentar, con alguna probabilidad
de éxito, juzgar actuaciones de ciudadanos de una nación
más poderosa, realizadas en su propio territorio. De manera
que esta "internacionalización" de la judicatura
en materia de derechos humanos, de no realizarse en una corte
internacional reconocida por las partes, opera solamente en un
sentido, y eso en buenas cuentas no es otra cosa que el sometimiento
de algunos estados a la voluntad de otros, vale decir: colonialismo.
Por ello decimos que estas actuaciones de los Gobiernos
español e inglés tienen consecuencias imprevisibles
para el derecho internacional. Retrotraer dos siglos las relaciones
internacionales, a la época colonial, por el sólo
motivo de dar un testimonio de "moralidad" a bajo costo,
parece excesivo.
Pero si cuesta comprender las decisiones de extranjeros
en esta materia, cabría esperar que al menos al interior
del país, independientemente de la posición que
se tenga respecto al General Pinochet, semejante concesión
de soberanía nacional resultara inconcebible.
La Actuación
del Gobierno
Las primeras declaraciones del Presidente Frei y
del Canciller Insulza, indicaron que el Gobierno tenía
claro el problema y comprendía las cuestiones que estaban
en juego. Desgraciadamente, el fracaso en los resultados obtenidos
hasta la fecha obliga a denunciar la incompetencia demostrada
por la autoridad para restablecer la soberanía, o bien
conduce a una alta preocupación por el poder de veto de
sectores del Partido Socialista, que ha llegado al extremo de
comprometer la capacidad del Gobierno del Presidente Frei de cumplir
sus obligaciones básicas.
Es cierto que, por su naturaleza, algunas de las
gestiones que puede haber realizado el Gobierno ( o podría
haber efectuado) son reservadas; de modo que resulta difícil
evaluar cabalmente su actuación. Sin embargo hay cosas
que son indesmentibles: sólo se han recibido los apoyos,
por propia iniciativa según declaró, del Presidente
Menem y la del Gobierno de El Salvador, ya que no puede calificarse
de esa manera la tímida y contradictoria actuación
del Departamento de Estado. Ni en la Organización de Estados
Americanos, ni en Mercosur, ni en APEC, ni en ningún otro
de los innumerables foros a los que pertenece Chile el tema ha
sido siquiera tratado y oportunidades no han faltado. Ello constituye
un balance pobrísimo de la capacidad del Gobierno del Presidente
Frei para movilizar a sus aliados políticos en la defensa
de un tema tan crucial como la soberanía nacional. Asimismo,
viene a demostrar la ineficacia de una política de relaciones
internacionales llevada a cabo por los gobiernos de la Concertación
que ha puesto énfasis en los instrumentos formales y no
en el desarrollo de políticas eficaces para cumplir los
objetivos políticos del país.
Tanto en relación al Reino Unido como frente
a España se ha carecido de imaginación en los instrumentos
y firmeza en el planteamiento. La falta de oportunidad de las
actuaciones del Gobierno resulta realmente sorprendente.
La Actuación
del Socialismo Chileno
La pertinacia del socialismo chileno para impedir
a toda costa el regreso del General Pinochet a Chile, poniendo
incluso en riesgo la unidad de la Concertación y en evidencia
la ineptitud del Gobierno, mueve a reflexión. Si consideramos
que hay pruebas suficientes de que el origen de los problemas
de derechos humanos en Chile está en buena medida en la
introducción de la violencia como instrumento de acción
política en nuestro país, a fines de la década
de los sesenta, y que el Partido Socialista lideró esa
posición hasta el fin mismo del Gobierno de Allende, puede
avizorarse alguna explicación a esa conducta.
Lo que el Partido Socialista busca, amén
de satisfacer el afán de venganza de algunos y canalizar
el legítimo deseo de justicia de otros, es exculpar su
responsabilidad- que es muy importante- en la introducción
de métodos violentos e irregulares en la escena política
chilena y de paso derrotar política y moralmente a la derecha.
Por ello se opuso a la llamada Ley Aylwin, que buscaba dar un
paso importante en el proceso de encontrar la verdad en el caso
de los desaparecidos, y por lo tanto un avance considerable en
materia de reconciliación. Confirma lo anterior el hecho
de que el socialismo ha considerado necesario, para cesar en su
actitud de entorpecer la acción del Gobierno del Presidente
Frei destinada a traer al país al General Pinochet, efectuar
reformas tales como la derogación de la Ley de Amnistía
que le permitan montar en Chile una escena similar a las ocurridas
en Londres o Madrid, con el General Pinochet como protagonista.
Ese es el único "negocio" al que está
dispuesto el Partido Socialista a partir de la posición
de fuerza que le dá la retención del Senador Pinochet.
Si bien todo lo anterior es consistente con lo que
ha sido la actuación histórica del Partido Socialista
en Chile, no deja de sorprender la desafección que revelan
con la institucionalidad y el Estado , a la luz de su nueva situación
en la política chilena. En efecto, los socialistas forman
hoy parte de la coalición gobernante y dado ello cabría
esperar al menos una mayor lealtad con la Concertación
y con la responsabilidad de dar gobernabilidad al país,
especialmente si consideramos que han participado en un proceso
de transición exitoso. Tienen buenas probabilidades de
encabezar el próximo gobierno, de acuerdo a las encuestas
que muestran a Ricardo Lagos como el precandidato de mayor apoyo;
sin embargo su naturaleza parece traicionarlos y no están
dispuestos a asumir una actitud responsable y sistémica,
que les permita reconocer ciertos elementos mínimos -como
la defensa de la soberanía nacional - entre aquellos que
no están sujetos al cálculo electoral ni se transan
por un objetivo político. La confianza entre actores políticos
es clave para el desarrollo y la paz de los países. Al
respecto se ha producido un retroceso cuyos principales responsables,
los dirigentes de la izquierda socialista, deben recuperar.
Lo que Viene
Queda al país un duro camino que recorrer
para lograr el objetivo de restablecer la soberanía atropellada
mediante la única acción que puede lograrlo: la
vuelta a Chile sin condiciones del Senador Augusto Pinochet Ugarte.
Serán fundamentales en este proceso las
actuaciones de los distintos actores políticos en Chile
para configurar lo que en definitiva serán las consecuencias
de largo plazo para el país. Por de pronto es importante
la actitud que adopte el propio General Pinochet, quién
no obstante la enorme obra de modernización, progreso e
institucionalidad dejada al país tiene aún mucho
que aportar al proceso chileno; el Gobierno del Presidente Frei,
cuyas actuaciones en el campo internacional seguirán siendo
fundamentales en la defensa de principios básicos de la
nacionalidad; el Partido Socialista, que de no mediar un fuerte
golpe de timón seguirá sembrando una enorme duda
acerca de la gobernabilidad que es capaz de conferirle al país
y de su vocación por actuar dentro de las reglas de juego
del sistema democrático; la derecha, que debe mantener
un delicado equilibrio entre la firme y serena defensa de la soberanía,
la reivindicación de la legitimidad del gobierno militar
y la defensa frente al intento de derrota política y moral
que pretende el socialismo, y la necesidad de una proyección
al futuro, sin tutelas de ninguna especie, pero tampoco marcada
por el signo del oportunismo; y por último la democracia
cristiana, partido cuya crisis se ha reflejado en su debilidad
para liderar la defensa de principios fundamentales como los atropellados
por la detención ilegal del Senador Pinochet.
Como puede apreciarse, son todas ellas tareas que
requieren de un gran sentido de responsabilidad, de un profundo
amor a la patria y de una alta dosis de liderazgo. El país
apreciará el día de mañana quienes han estado
a la altura de las circunstancias.

|