El Poder Gremial
y el Bien Común
Recientemente la opinión pública ha
sido espectadora de dos debates públicos promovidos por
organizaciones gremiales para defender sus intereses. Por una
parte, el Colegio Médico de Chile ha aparecido reclamando
por la práctica de algunas farmacias de sustituir los medicamentos
de una determinada marca "recetados" por los facultativos,
por otros similares de distinta marca. Por la otra, el Colegio
de Profesores ha llamado a los docentes a no continuar trabajando
más allá del 30 de diciembre, según lo dispuso
la autoridad para recuperar los días perdidos durante
la última huelga del sector.
Ambos temas son muy distintos, pero tienen un trasfondo
común.
Derecho de Asociación
En la actualidad la posibilidad de las personas
de asociarse es considerada un derecho legítimo y fundamental
para el desarrollo de las más variadas actividades. No
siempre fue así, pues en tiempos pasados el derecho de
asociación estuvo restringido debido a la experiencia vivida
con los "gremios", organizaciones que bajo el pretexto
de cautelar la pureza y prestigio de las actividades, en la práctica
se habían convertido en monopolios que significaban barreras
de entrada a las más diversas actividades, limitando y
retrasando el desarrollo del comercio, la industria, las artes
y la ciencia.
Uno de los objetos naturales y legítimos de
las organizaciones gremiales, es promover los intereses de los
asociados y representarlos ante las autoridades.
Sin embargo, todo gremio tiene por definición
una visión parcial e interesada de la actividad en que
está inserto y así debe ser comprendido. Este deber
pesa especialmente sobre la autoridad, cuya misión es velar
por el bien común, esto es, crear las condiciones para
desarrollo integral y armónico de la sociedad.
El Problema de
los Medicamentos
El Colegio Médico ha sostenido con vigor
que únicamente los profesionales de la salud (médicos,
matronas y dentistas) están autorizados para prescribir
medicamentos y decidir, por ende, la marca específica que
deben utilizar los pacientes. Ello, porque serían los únicos
que conocen exactamente los detalles del caso y el remedio que
es precisamente necesario. En este contexto han denunciado la
práctica de algunas farmacias de sustituir el medicamento
prescrito por otro similar.
Por su parte, el Colegio de Químicos Farmacéuticos
ha sostenido que los profesionales de la orden están capacitados
para discernir si un medicamento puede, según su formulación,
reemplazar adecuadamente a otro, particularmente si ello conviene
en términos económicos al paciente.
Finalmente, organizaciones gremiales vinculadas
a la industria farmacéutica han apoyado al Colegio Médico.
En realidad los argumentos de la organización
gremial no son valederos, porque es un hecho conocido que existe
una variedad de remedios que tienen formulaciones químicas
similares -cuando no idénticas- que permiten su sustitución
sin problemas.
En la práctica no es efectivo que siempre
los médicos conozcan con profundidad las diferencias entre
los medicamentos similares, que se expresan en los excipientes,
métodos de síntesis, etc., a veces se informan de
ellos por los "visitadores médicos", que son
vendedores que en la mayoría de los casos no tienen una
preparación profesional, y hacen fe del prestigio del laboratorio
que los suministra, como acontece en muchas actividades comerciales
y profesionales. Tampoco es la regla que cada médico haga
estudios y pruebas, científicas y sistemáticas,
para determinar las bondades y resultados de un determinado medicamento;
sólo se basan en la experiencia que acumulan de la aplicación
práctica de ellos, como sucede en muchos campos profesionales,
en que los resultados van mostrando confianza hacia una línea
de productos.
En esta discusión se olvida que el derecho
a decidir corresponde al paciente y que es él quien debe
tener la libertad de seguir la recomendación del médico,
o buscar las alternativas más convenientes, particularmente
en términos de costos. La sustitución es una práctica
frecuente y no se advierte que se hayan producido en el hecho
las consecuencias graves en la salud de la personas, que se presentan
como el gran peligro que ella supone.
La Recuperación
de Tiempo Perdido
El Colegio de Profesores ha llamado a sus asociados
a no trabajar más allá del 30 de diciembre y a no
participar en las actividades de perfeccionamiento docente en
enero próximo, según dispuso la autoridad educacional.
El fundamento para este llamado es rechazar la actitud "castigadora"
del Gobierno por la reciente huelga de profesores; específicamente,
porque se habrían estado realizando descuentos por el tiempo
no trabajado por la huelga, más allá de lo "acordado",
y no se estarían pagando las horas extraordinarias por
las clases de recuperación en día sábado.
En este caso la defensa de los intereses gremiales
linda en lo insólito, porque el origen de todo está
en una huelga ilegal que realizaron los profesores. Una vez terminado
el conflicto, la autoridad, que debe velar por el interés
de los menores que están en su proceso educativo, dispuso
la recuperación de las clases en enero y los sábados,
de modo que el año lectivo cumpliera a todo evento con
el plan de 40 semanas originalmente previsto.
Debe recordarse que la huelga se originó
en la pretensión del Colegio de obtener mejoras salariales
y beneficios avaluables en $ 280.000 millones para el bienio 1999-2000,
en circunstancias que el Gobierno ofreció antes de iniciarse
el conflicto aportes por $ 45.000 millones. Finalmente, se acordó
un paquete que significa $ 55.000, lo que demuestra la obcecación
de la directiva del Colegio en la negociación y en llevar
adelante una huelga sin fundamento ni destino.
El Verdadero Fondo
del Asunto
Tras los detalles de los dos casos, queda en evidencia
la pretensión de los gremios de afianzar su poder en beneficio
de sus asociados.
El papel de la autoridad es resistir las presiones
cuando exceden los legítimos derechos de grupos organizados,
adoptando las medidas que defiendan el interés general,
por sobre los intereses particulares. Siempre que se aceptan presiones
y se conceden beneficios que no tienen justificación o
legitimidad, existe alguien que paga los costos. Según
demuestra la experiencia, el pago invariablemente lo realiza la
comunidad en general y, en especial, aquellos que tienen menos
voz, esto es, menor capacidad de defensa e incluso que ni siquiera
tienen la posibilidad de percatarse que están pagando los
costos, y que, paradójicamente, creen que sus verdaderos
intereses son los que propugna el grupo de presión.
Ha sido frecuente ver a los padres y apoderados,
como también a pacientes, apoyando las huelgas ilegales
de profesores y funcionarios de la salud, por citar ejemplos,
declarando que son justificadas, sin darse cuenta que son los
directamente perjudicados por ellas.
Las huelgas y presiones de los grupos organizados
han ido en incremento durante la presente década y, particularmente,
en los últimos años. En la práctica se ha
cedido siempre por razones electorales y de imagen, generándose
con ello los incentivos para nuevas presiones.
Así, las políticas de salud y de educación
han sido dictadas por sucesivas huelgas y movilizaciones, organizadas
por entidades gremiales. Se han agregado, entonces, otros grupos
de presión obteniendo beneficios, como son la suspensión
de la inscripción de nuevos taxis, la vuelta atrás
al anacrónico feriado bancario, etc., los que han obtenido
singular éxito
Dentro de este cuadro, las actitudes desafiantes
del Colegio de Profesores y las exigencias del Colegio Médico
en nuevos campos, aparecen como una forma de medir hasta dónde
el Gobierno cederá y renunciará a su deber de gobernar
en función del interés general, para privilegiar
la popularidad de corto plazo y evitar enajenarse el apoyo de
los grupos de presión.
Concluyendo
Lo anterior adquiere especial importancia al considerar
que el país enfrentará en los proximos tres años
sendos procesos electorales que determinarán el cambio
de Gobierno, renovación de buena parte del Congreso y de
la administración superior de las municipalidades.
Sería lamentable que el Gobierno presionado
por la necesidad de lograr resultados electorales favorables,
retroceda frente a los intereses de grupos organizados, comprometiendo
la estabilidad y progreso de todo el país en el largo plazo.
Hasta ahora esta posibilidad se presenta como probable, pues la
trayectoria exhibida no permite ser optimistas.
Sería deseable, entonces, que frente a la
actitud de los colegios profesionales, el Gobierno no desaprovechare
la oportunidad de rectificar y hacer primar el bien común.
Por su parte, los gremios harían bien en moderar sus objetivos,
pues la historia demuestra que el aprovechamiento del poder de
presión se vuelve en contra de ellos

Educación Superior
Actual: Libertad y Diversidad
La reforma al sistema universitario de 1981 significó,
entre otras cosas, abrir un mercado prácticamente monopólico
a la iniciativa privada. Desde entonces y como consecuencia de
la libertad de entrada al mercado ha habido un importante incremento
en la oferta educacional. El número de universidades entre
1980 y 1996 aumentó de 8 a 67 a lo largo del país,
en tanto se formaron 195 institutos profesionales privados y
centros de formación técnica en el mismo período.
El consumidor en el mercado de la educación
está constituido por miles de familias. Así como
cada familia es única y vive inmersa en una realidad propia,
también existen preferencias heterogéneas por servicios
de educación superior. Cada familia valora distintas características
del proceso y les asigna una importancia relativa diferente. En
este escenario, el haber introducido una mayor competencia en
el sector, significó que cada institución se vio
forzada a innovar, especializarse, y en definitiva, a diferenciarse
de las demás que constituyen su competencia. Mientras el
sistema esté afecto a las bondades de la competencia con
libertad de entrada al mercado, y no se introduzcan nuevas distorsiones,
la existencia de una demanda insatisfecha por una cierta variedad
de educación atraerá a nuevas instituciones que
proveerán el servicio, aumentando la diversificación
del mercado y con ello el bienestar de los estudiantes y sus familias.
Lo anterior es justamente una de las principales
características del sistema de educación superior
chileno: diversidad de opciones para los estudiantes. Esta diversidad
no sólo se aprecia en que existe una diferenciación
institucional (Universidades, Institutos Profesionales y Centros
de Formación Técnica) y diferentes regímenes
de propiedad (estatales- privadas). También existe una
diferenciación horizontal, es decir, variedad en atributos
o características del proceso educativo de cada institución,
como por ejemplo: diferentes énfasis en la investigación,
tamaño de la institución (con un rango de entre
20.000 y 400 alumnos), importancia que se le atribuye a los deportes
o a la religión, localización geográfica,
entre muchos otros atributos que son valorados por las familias
y que nadie, excepto el mercado, es capaz de conocer y procesar.
Proyecto del Gobierno:
Amenazas y Temas Pendientes
En el contexto de un mercado que ha evolucionado
positivamente y que en la actualidad funciona de manera adecuada,
el Gobierno quiere implementar el denominado Programa de Mejoramiento
de la Calidad y Equidad de la Educación Superior (MECESUP).
Este programa tendrá un costo total de aproximadamente
US$ 241 millones, de los cuales US$145,45 millones se financiarán
con un préstamo solicitado al Banco Mundial. Si bien los
objetivos del programa, respecto a lograr una educación
superior de mayor calidad y más equitativa, son ampliamente
reconocidos como una de las prioridades en materia de políticas
sociales por parte de todos los sectores del país, no existe
suficiente aceptación de los instrumentos con que el Gobierno
pretende alcanzarlos. El proyecto se estructura en cinco componentes
tal como se muestra en el cuadro N°1.
Cuadro Nº 1
Estructura y Recursos del Proyecto MECESUP
| Componente | Monto MM US$
| Distribución
|
| Aseguramiento de la Calidad
| 5.3 |
2.2% |
| Perfeccionamiento del Financiamiento
| | |
| y Fondo Competitivo |
227.45 |
94.5% |
| Mejoramiento de Coordinación del
| | |
| Sist.y Fortalecimiento de Capacidades
| 4.8 |
2.0% |
| Unidad de Coordinación del Programa
| 1.2 |
0.5% |
| Otros (gastos prep. proyecto y otros)
| 2.8 |
1.1% |
| TOTAL | 241.45
| 100% |
Fuente: MINEDUC
Acreditación: Fallas
del Mercado vs. Fallas del Estado
Vale la pena referirse a una propuesta inicial consistente
en implementar un sistema de acreditación entre las universidades.
A pesar de que, felizmente, luego de realizar un proceso de consultas
en que se generó una fuerte polémica y significativo
rechazo del tema, el Ministerio se encuentra reevaluando la iniciativa.
Respecto al componente del MECESUP que se refiere
al aseguramiento de la calidad por vía de la acreditación
de programas, el énfasis rector y regulador del Estado
se hace evidente. Un sistema de acreditación como el que
fue propuesto, deja en claro que se opta porque el Estado se transforme
en el único ente que determina la "calidad, pertinencia
e inovación" en la educación superior. La consecuencia
natural de un sistema de acreditación que califica, de
acuerdo a ciertos parámetros fijos, sería una estandarización
artificial de la oferta de educación. Se tendería
a reducir "hacia abajo" las diferencias de calidad de
acuerdo al criterio de calidad implantado por el Estado, atentando
contra la calidad general
de la educación superior chilena, contra la
libertad,
y contra la necesaria y deseable diversificación
del sistema.
Pretender que el Estado sea capaz de decidir mejor
que el mercado, compuesto por miles de estudiantes y sus familias,
acerca de cuales son los criterios que determinan la calidad de
la educación resulta ingenuo, por decir lo menos. Salta
a la vista lo difícil que resulta "ganarle al mercado"
cuando existe una gran cantidad de atributos que componen una
educación de calidad, los cuales varían entre diferentes
familias. Es tiempo que el Estado reconozca y confíe en
la capacidad de las personas para elegir aquello que más
les conviene. A través de las preferencias reveladas por
los alumnos, se decidirá si una universidad es o no una
institución confiable, capaz de otorgar una enseñanza
de nivel superior y de calidad aceptable. Si más alumnos
concurren a matricularse en una universidad, es una señal
de que esa universidad está siendo evaluada favorablemente
por la comunidad.
El papel que le cabría cumplir el Estado
es el de subsidiar la disponibilidad de información para
la elección de las personas, mediante la recolección
y publicación oportuna de indi-cadores relevantes. Lo anterior
tampoco es indispensable ya que existe una demanda por información
que potencialmente puede atraer a agentes privados a proveerla
y llevar al surgimiento de un mercado por información
acerca de las instituciones de educación superior como
es el caso de Estados Unidos. En este país, que tiene la
mayor cantidad de Premios Nobel y es la cuna de la educación
superior de mayor excelencia, no existe un sistema de acreditación
centralizado, tanto así que universidades prestigiadas
internacionalmente como Harvard Business School no se encuentran
acreditadas. Son muchas instituciones de la sociedad civil las
que se pronuncian acerca de la calidad de los estudios universitarios.
Así, se confeccionan distintos tipos de rankings que ordenan
a las facultades universitarias bajo diversos criterios y que
sirven a su vez de orientación a los futuros estudiantes
para elegir su carrera y adonde la cursarán. Asimismo,
las propias entidades de educación superior se organizan
y generan ejercicios de acreditación que gozan de gran
prestigio.
Estructura de Financiamiento
El componente relacionado al perfeccionamiento de
la estructura de financiamiento de las instituciones absorbe casi
el 95% de los recursos del MECESup. Dentro de este componente
se propone la "revisión de los fondos basales (aporte
fiscal directo) de manera que ellos respondan a los objetivos
de política", y para incluir mayores criterios de
"rendición de cuentas" del uso de recursos públicos
(accountability).
Lo anterior es un avance pequeño y claramente
insuficiente. En efecto, el proyecto no aborda los problemas de
fondo de la estructura de financiamiento de la educación
superior. Para aumentar la equidad, entendida por la igualdad
de oportunidades y el acceso a la educación superior por
parte de las personas de bajos recursos, se requiere una política
de gasto social bien focalizado, en que el subsidio a la demanda
sea tal, es decir, que se otorgue financiamiento al estudiante
de bajos recursos independientemente de la universidad a la que
decida asistir. Lamentablemente, tanto el aporte fiscal directo
(AFD) como las becas y el crédito fiscal universitario
financiados con aportes del Estado se encuentran vedados para
alumnos que, siendo pobres, hubieran optado por Universidades
Privadas No-Tradicionales, Institutos Profesionales Privados,
y Centros de Formación Técnica, instituciones que
por número y naturaleza podrían atender a un porcentaje
importante de alumnos de escasos recursos.
De hecho, si se considera el crédito y las
becas de arancel MINEDUC se puede apreciar que en 1997 un 52%
de los alumnos de las 25 universidades del Consejo de Rectores
fueron beneficiados, con un aporte equivalente al 61% de los respectivos
aranceles. El MECESup deja sin solución el problema de
esta asignación discriminatoria de recursos a través
del AFD, y sus consecuencias negativas para la equidad del sistema.
Más aún, reconoce explícitamente este privilegio
de las universidades tradicionales como un mecanismo de financiamiento
que se mantendrá a futuro. Sólo se menciona que
se estudiarán alternativas para aumentar el actual 5% del
AFD que se encuentra ligado a aspectos de desempeño y reducir
el porcentaje dependiente de criterios de asignación históricos.
Esta medida es positiva ya que al menos aumenta los incentivos
económicos para mejorar el desempeño, pero no reviste
tanta importancia, ya que no introduce competencia entre todas
las universidades por conseguir los recursos.
La única vía por la cual las instituciones
"no-tradicionales" pueden acceder a recursos estatales
es a través del aporte fiscal indirecto (AFI). El Estado
entrega el AFI en función de los 27.500 mejores puntajes
de la Prueba de Aptitud Académica matriculados en primer
año de cualquier universidad legalmente constituida. Siendo
el único aporte que favorece la competencia en el sistema,
resulta lamentable que se haya reducido la importancia relativa
del AFI entre 1990 y 1998. Durante ese período, el aporte
fiscal directo creció en un 60% y las ayudas estudiantiles
en un 69%, mientras que el aporte fiscal indirecto disminuyó
un 2%, como se aprecia en el cuadro N° 2.
Cuadro Nº 2
| Año | AFD
| Ayudas Estudiantiles
| AFI
|
| | | Monto
| Ponderación
|
| 1990 | 51.590
| 23.597
| 16.673
| (18,2 %)
|
| 1998 | 82.499
| 39.962
| 16.333
| (11,8 %)
|
Introducir criterios de transparencia y de "accountability"
en la administración de la porción de recursos que
la institución recibe del Estado es en principio adecuado.
Sin embargo, ello pierde relevancia práctica si se considera
que en última instancia los fondos son fungibles, es decir,
no tiene sentido intentar asignar a cierto uso específico
el monto de recursos estatales que haya recibido la institución.
Por otro lado, pretender monitorear el uso de los recursos totales
de una institución, reflejaría un preocupante ánimo
estatista de dirigir el sistema en forma centralizada. Ello, además
de resultar muy costoso, atentaría gravemente contra la
libertad y la autonomía de las universidades. No se debe
olvidar que lo importante es que el servicio que finalmente entrega
una institución de educación superior a sus alumnos
sea de calidad, la forma en que combinan sus recursos para llegar
a ello no es, ni debería ser de incumbencia del Gobierno.
Conclusión
El Programa de Mejoramiento de la Calidad y Equidad
de la Educación Superior (MECESUP) no puede pretender ser
una verdadera y profunda reforma al sistema si no ataca los problemas
de fondo del sistema. La tarea que queda por delante no es otra
que perfeccionar los mecanismos de financiamiento de manera de
aumentar la competencia, y por lo tanto la calidad y de mejorar
la equidad de la educación superior chilena.
El gobierno se encuentra reevaluando la idea de
crear un sistema centralizado de acreditación para los
programas de las instituciones de educación superior. Es
de esperar que exista determinación detrás de esta
decisión, que ella sea una sincera reconocimiento a la
racionalidad de los consumidores, a la autonomía de las
instituciones que imparten educación superior, y al rol
estrictamente subsidiario del Estado en esta materia, y que no
sea una pausa para retocar la idea y volver a insistir en el futuro.

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